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La curiosa cruzada de un colegio santafesino contra el primer celular
El acceso cada vez más temprano a los celulares y las redes sociales llevó al Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe a impulsar una propuesta entre las familias. La institución busca esta...
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El acceso cada vez más temprano a los celulares y las redes sociales llevó al Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe a impulsar una propuesta entre las familias. La institución busca establecer criterios comunes para demorar la llegada del primer smartphone y el acceso autónomo a las plataformas digitales, especialmente durante los primeros años de escolaridad.
La iniciativa alcanza principalmente a las familias de jardín y de los primeros años de primaria, que reúnen a unos 600 hogares. La idea es que la decisión no quede librada a cada familia por separado, sino que pueda construirse un criterio común dentro de cada grado.
El mecanismo es sencillo. El acuerdo se activa cuando más de la mitad de las familias de un mismo grupo adhieren. No es obligatorio, no tiene consecuencias legales y tampoco impide que una familia pueda sumarse o retirarse.
Uno de los principales objetivos es evitar que un chico reciba un celular antes de tiempo porque sus compañeros ya lo tienen. El colegio busca que las familias puedan tomar la decisión en conjunto y reducir esa presión social.
La propuesta establece que el smartphone con acceso a internet se postergue hasta el ingreso a la secundaria. Mientras tanto, sí contempla alternativas como teléfonos básicos, dispositivos familiares utilizados bajo supervisión o herramientas específicas cuando sean necesarias para una actividad escolar.
Con las redes sociales, el criterio también apunta a retrasar el acceso. La recomendación es esperar hasta los 13 o 14 años, con una incorporación progresiva de autonomía que podría llegar alrededor de los 16.
Entre las plataformas mencionadas aparecen Instagram, TikTok, Snapchat, Roblox, Discord, Twitch y Fortnite. En el caso de WhatsApp, la propuesta no plantea una prohibición absoluta, sino que pueda utilizarse cuando exista una necesidad concreta y con acompañamiento adulto.
El acuerdo tampoco se limita al teléfono. Para los más chicos propone revisar el vínculo cotidiano con las pantallas y priorizar el juego, el descanso, el movimiento y los encuentros cara a cara, sin establecer una cantidad fija de horas como regla general.
El rol de los adultos
Desde la institución remarcan que la discusión no puede concentrarse solamente en los chicos. El rector Emanuel Sicre señaló que también es necesario revisar cómo usan la tecnología los propios adultos, porque los hábitos familiares terminan funcionando como referencia para los más pequeños.
Por eso, la propuesta plantea que el acuerdo sea conocido también por abuelos, tíos, hermanos mayores y cualquier otra persona que esté a cargo de los chicos.
La iniciativa será revisada cada año para evaluar su funcionamiento y realizar los cambios que sean necesarios. La apuesta de fondo es que la llegada del primer celular deje de ser una carrera entre compañeros y pueda convertirse en una decisión familiar acompañada por toda la comunidad escolar.
La iniciativa alcanza principalmente a las familias de jardín y de los primeros años de primaria, que reúnen a unos 600 hogares. La idea es que la decisión no quede librada a cada familia por separado, sino que pueda construirse un criterio común dentro de cada grado.
El mecanismo es sencillo. El acuerdo se activa cuando más de la mitad de las familias de un mismo grupo adhieren. No es obligatorio, no tiene consecuencias legales y tampoco impide que una familia pueda sumarse o retirarse.
Uno de los principales objetivos es evitar que un chico reciba un celular antes de tiempo porque sus compañeros ya lo tienen. El colegio busca que las familias puedan tomar la decisión en conjunto y reducir esa presión social.
La propuesta establece que el smartphone con acceso a internet se postergue hasta el ingreso a la secundaria. Mientras tanto, sí contempla alternativas como teléfonos básicos, dispositivos familiares utilizados bajo supervisión o herramientas específicas cuando sean necesarias para una actividad escolar.
Con las redes sociales, el criterio también apunta a retrasar el acceso. La recomendación es esperar hasta los 13 o 14 años, con una incorporación progresiva de autonomía que podría llegar alrededor de los 16.
Entre las plataformas mencionadas aparecen Instagram, TikTok, Snapchat, Roblox, Discord, Twitch y Fortnite. En el caso de WhatsApp, la propuesta no plantea una prohibición absoluta, sino que pueda utilizarse cuando exista una necesidad concreta y con acompañamiento adulto.
El acuerdo tampoco se limita al teléfono. Para los más chicos propone revisar el vínculo cotidiano con las pantallas y priorizar el juego, el descanso, el movimiento y los encuentros cara a cara, sin establecer una cantidad fija de horas como regla general.
El rol de los adultos
Desde la institución remarcan que la discusión no puede concentrarse solamente en los chicos. El rector Emanuel Sicre señaló que también es necesario revisar cómo usan la tecnología los propios adultos, porque los hábitos familiares terminan funcionando como referencia para los más pequeños.
Por eso, la propuesta plantea que el acuerdo sea conocido también por abuelos, tíos, hermanos mayores y cualquier otra persona que esté a cargo de los chicos.
La iniciativa será revisada cada año para evaluar su funcionamiento y realizar los cambios que sean necesarios. La apuesta de fondo es que la llegada del primer celular deje de ser una carrera entre compañeros y pueda convertirse en una decisión familiar acompañada por toda la comunidad escolar.
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