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Imputaron a cuatro por intentar matar a un trapito en Pichincha
Cuatro personas fueron imputadas por su presunta participación en un ataque armado contra un cuidacoches en bulevar Oroño y Brown, ocurrido el 23 de septiembre pasado. El juez de primera instancia J...
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Cuatro personas fueron imputadas por su presunta participación en un ataque armado contra un cuidacoches en bulevar Oroño y Brown, ocurrido el 23 de septiembre pasado. El juez de primera instancia Juan Ignacio Gasparini dispuso la prisión preventiva de todos los acusados hasta el 5 de febrero de 2027, tras la audiencia realizada el viernes pasado en el Centro de Justicia Penal.
El fiscal Ignacio Hueso atribuyó a Daniel Saettone y Ricardo Aguirre los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, en calidad de coautores, y portación de arma de fuego de guerra, también como coautores. A Luisina y Lucía Aguirre les imputó la tentativa de homicidio agravada por el uso de arma de fuego, igualmente en calidad de coautoras. El trasfondo del caso apuntaría a una transacción de drogas.
Según la reconstrucción de la Fiscalía, el ataque se produjo alrededor de la 1.15 de la madrugada, luego de una discusión ocurrida unos 30 minutos antes en la zona de Pichincha. Los imputados se habrían trasladado de manera coordinada hasta Oroño y Brown y efectuado al menos siete disparos contra J.M.B., quien sufrió una herida en la pierna derecha.
La investigación sostiene que los agresores actuaron con una división de funciones entre quienes efectuaron los disparos y quienes habrían brindado apoyo para concretar el ataque y facilitar la huida.
LA SECUENCIA DEL ATAQUE
De acuerdo con la acusación, Saettone y Aguirre llegaron en un Renault Logan negro y descendieron armados en la esquina donde se encontraba la víctima. Uno llevaba una pistola cromada y el otro un revólver. Ambos habrían disparado contra el hombre hasta que una de las armas se trabó, tras lo cual escaparon en los vehículos en los que habían llegado.
La Fiscalía también atribuye un papel central al conductor del Logan, A.P.B., quien ya había sido imputado en la causa. Según la hipótesis fiscal, condujo el automóvil desde el complejo fonavi de Juan XXIII y Solís al 3800, alrededor de las 0.50, y trasladó a parte del grupo en coordinación con una motocicleta azul de 110 centímetros cúbicos.
Al llegar a Oroño y Brown, habría posicionado el vehículo para permitir el descenso de los tiradores y permanecido con el motor encendido mientras se ejecutaba la agresión. Luego emprendió la huida a alta velocidad y permitió que uno de los atacantes descendiera en Cafferata y Tucumán.
Además, los investigadores sostienen que el conductor ocultó bajo su asiento un machete de unos 60 centímetros y dos teléfonos celulares que pertenecerían a los ejecutores.
EL ROL ATRIBUIDO A LAS MUJERES
En el caso de Luisina Aguirre, la acusación señala que se desplazó como acompañante en la motocicleta azul y que participó de la discusión previa en Pichincha. La Fiscalía sostiene que durante la agresión incentivó el accionar de los tiradores.
A Lucía Aguirre, en tanto, se le atribuye haber integrado el grupo que se trasladó en la motocicleta hasta la escena. Según la hipótesis fiscal, su presencia, junto con la de Luisina, habría contribuido a brindar apoyo y cobertura numérica a los ejecutores armados, además de facilitar el acorralamiento de la víctima.
La imputación se inscribe en una investigación que busca establecer la participación de cada uno de los integrantes del grupo en el ataque. Las acusaciones deberán ser acreditadas durante el proceso judicial.
El fiscal Ignacio Hueso atribuyó a Daniel Saettone y Ricardo Aguirre los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, en calidad de coautores, y portación de arma de fuego de guerra, también como coautores. A Luisina y Lucía Aguirre les imputó la tentativa de homicidio agravada por el uso de arma de fuego, igualmente en calidad de coautoras. El trasfondo del caso apuntaría a una transacción de drogas.
Según la reconstrucción de la Fiscalía, el ataque se produjo alrededor de la 1.15 de la madrugada, luego de una discusión ocurrida unos 30 minutos antes en la zona de Pichincha. Los imputados se habrían trasladado de manera coordinada hasta Oroño y Brown y efectuado al menos siete disparos contra J.M.B., quien sufrió una herida en la pierna derecha.
La investigación sostiene que los agresores actuaron con una división de funciones entre quienes efectuaron los disparos y quienes habrían brindado apoyo para concretar el ataque y facilitar la huida.
LA SECUENCIA DEL ATAQUE
De acuerdo con la acusación, Saettone y Aguirre llegaron en un Renault Logan negro y descendieron armados en la esquina donde se encontraba la víctima. Uno llevaba una pistola cromada y el otro un revólver. Ambos habrían disparado contra el hombre hasta que una de las armas se trabó, tras lo cual escaparon en los vehículos en los que habían llegado.
La Fiscalía también atribuye un papel central al conductor del Logan, A.P.B., quien ya había sido imputado en la causa. Según la hipótesis fiscal, condujo el automóvil desde el complejo fonavi de Juan XXIII y Solís al 3800, alrededor de las 0.50, y trasladó a parte del grupo en coordinación con una motocicleta azul de 110 centímetros cúbicos.
Al llegar a Oroño y Brown, habría posicionado el vehículo para permitir el descenso de los tiradores y permanecido con el motor encendido mientras se ejecutaba la agresión. Luego emprendió la huida a alta velocidad y permitió que uno de los atacantes descendiera en Cafferata y Tucumán.
Además, los investigadores sostienen que el conductor ocultó bajo su asiento un machete de unos 60 centímetros y dos teléfonos celulares que pertenecerían a los ejecutores.
EL ROL ATRIBUIDO A LAS MUJERES
En el caso de Luisina Aguirre, la acusación señala que se desplazó como acompañante en la motocicleta azul y que participó de la discusión previa en Pichincha. La Fiscalía sostiene que durante la agresión incentivó el accionar de los tiradores.
A Lucía Aguirre, en tanto, se le atribuye haber integrado el grupo que se trasladó en la motocicleta hasta la escena. Según la hipótesis fiscal, su presencia, junto con la de Luisina, habría contribuido a brindar apoyo y cobertura numérica a los ejecutores armados, además de facilitar el acorralamiento de la víctima.
La imputación se inscribe en una investigación que busca establecer la participación de cada uno de los integrantes del grupo en el ataque. Las acusaciones deberán ser acreditadas durante el proceso judicial.
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