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El Niño ya está en desarrollo y, según los pronósticos, se trata de uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. En Rosario el período crítico será el trimestre octubre-noviembre-diciembre, aunque la Municipalidad extenderá el monitoreo hasta fines de abril de 2027. Este lunes el intendente Pablo Javkin y el titular de Defensa Civil, Gonzalo Ratner, presentaron el plan de prevención y respuesta. Las autoridades aclararon que no hay una situación de peligro inminente: el objetivo es anticiparse. Y en ese esquema, buena parte del riesgo depende de cosas simples que cada vecino puede resolver en su casa.

El escenario que contempla el informe municipal son precipitaciones superiores al promedio habitual entre octubre y marzo, un período que incluye los meses más lluviosos del año: marzo tiene un promedio de 138,4 milímetros, según registros del Servicio Meteorológico Nacional. A eso se suma la altura del río Paraná, que para octubre se prevé en torno a los 4,50 metros, por debajo del nivel de alerta de cinco metros y lejos de los 5,20 que suelen marcar las primeras evacuaciones. Rosario está al final de las cuencas de los arroyos Ludueña y Saladillo, que reúnen unas 450 mil hectáreas: cuando el río crece, el agua de lluvia encuentra más dificultades para escurrir.


ANTES: LO QUE CONVIENE RESOLVER UN DÍA DE SOL

La limpieza se hace con tiempo. Revisar y despejar canaletas, techos y desagües, y controlar que los sumideros de la vereda estén libres, es la primera medida. «Siempre en las tormentas corremos a limpiar el techo, que es algo que podemos hacer un día de sol», señaló el secretario de Protección Civil de la provincia, Marcos Escajadillo. En Rosario, además, la basura debe sacarse entre las 19 y las 21.

También hay que retirar del exterior todo lo que pueda volarse: macetas, chapas, adornos y objetos sueltos. En las viviendas de zonas bajas conviene tener a mano compuertas o bolsas de arena, y mantener patios y terrenos desmalezados y sin basura ni escombros acumulados, que además sirven de refugio a los roedores.

El otro paso es armar un kit de emergencia impermeable con documentos —originales y copias digitales—, medicamentos, linterna, radio a pilas, agua potable para tres días, alimentos no perecederos y una mochila lista para salir rápido. Conviene definir un plan familiar de evacuación —dónde reunirse, qué llevar, quién ayuda a quién— y seguir las alertas del Servicio Meteorológico Nacional y de Protección Civil, los únicos pronósticos oficiales.


DURANTE LA TORMENTA: QUÉ NO HACER

La recomendación más repetida por las autoridades es no sacar la basura mientras hay alerta: es la causa más común de obstrucción de las bocas de tormenta. Tampoco conviene salir del hogar salvo necesidad extrema. Con la tormenta en marcha hay que desconectar los artefactos eléctricos, cerrar persianas y asegurar las puertas, posponer las actividades al aire libre y evitar ubicarse cerca de árboles, piscinas o construcciones que puedan derrumbarse.

Si hay que moverse, no circular por calles inundadas. La fuerza del agua puede arrastrar y hacer flotar un auto: bastan 30 centímetros de agua en movimiento para lograrlo, y por eso tampoco se debe cruzar un tramo anegado a pie. Si el traslado es imprescindible, hay que hacerlo despacio, con luces de posición y cinturón. Ante rutas complicadas, la sugerencia oficial es postergar el viaje. Y siempre hay que alejarse de postes inclinados y cables sueltos.


DESPUÉS: EL AGUA QUE QUEDA ES LA QUE MÁS RIESGO TRAE

Terminada la lluvia empieza la etapa más delicada. No hay que caminar descalzo ni en el barro: conviene usar botas de goma y guantes para las tareas de limpieza, y lavar con agua limpia y jabón cualquier herida. El agua para beber, cocinar o bañarse tiene que ser segura: hervida cinco minutos o clorada. Hay que lavarse las manos con frecuencia, descartar los alimentos que estuvieron en contacto con el agua y desinfectar con lavandina diluida, una taza cada diez litros, empezando por los escombros gruesos y terminando por la ventilación de los ambientes.

Dos frentes sanitarios concentran la atención. El primero es el dengue: la combinación de humedad, encharcamientos y calor es ideal para el mosquito Aedes aegypti, por lo que hay que vaciar, limpiar y dejar boca abajo todos los recipientes que puedan acumular agua. El segundo es la leptospirosis, que suele aparecer unas dos semanas después, cuando el agua se estanca en los suelos y las viviendas. Si alguien estuvo en contacto con agua de inundación y presenta fiebre, dolores musculares o cefalea, tiene que decírselo al médico: el tratamiento antibiótico es simple y eficaz si se indica a tiempo.


EL OPERATIVO QUE SE PUSO EN MARCHA

La Municipalidad llevará al Concejo la adhesión a la ley provincial de emergencia hídrica (14.477), que habilita compras de emergencia y facultades para actuar de inmediato frente a obstrucciones que impidan el escurrimiento. Además pondrá en funciones un Comité Operativo de Emergencia e incorporará doce estaciones meteorológicas: una en cada distrito y otras seis en sectores críticos, entre ellos Empalme Graneros y Las Flores. El informe consigna la limpieza de 53,5 kilómetros de arroyos y canales, 3,5 kilómetros del Ludueña con 1.500 toneladas de residuos retiradas, 124.302 metros lineales de desagües y zanjas y 13.134 intervenciones en captaciones. También prevé multas de entre 150 y 100 mil unidades fijas para quienes obstruyan canales o drenajes.

En el plano provincial, la ley 14.447 declaró la emergencia hídrica hasta abril de 2027, con un Fondo de Emergencia Hídrica. El gobierno santafesino sumó 90 bombas, identificó 100 localidades con riesgo hídrico y dispone de un fondo de 10.000 millones de pesos, además de cuatro helicópteros para asistir a localidades que puedan quedar aisladas.


A QUIÉN LLAMAR

Ante inundaciones, calles anegadas, caída de árboles o ramas grandes, postes inclinados, cables sueltos o desprendimientos de estructuras, la vía es Defensa Civil: 103. Los otros teléfonos útiles son Policía 911, Bomberos 100 y Salud/SAME 107. Protección Civil de la provincia atiende en el (0341) 446-7226. Para consultas por síntomas compatibles con leptospirosis o dengue, el Departamento de Epidemiología de la Zona Sur funciona en 9 de Julio 325, Rosario, teléfono (0341) 472-1515.