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El Concejo Municipal de Rosario comenzó a analizar una iniciativa para habilitar y regular la acuamación de mascotas, un procedimiento también conocido como biocremación que utiliza agua, reactivos alcalinos y temperatura controlada para acelerar la descomposición de la materia orgánica. La propuesta apunta a incorporar una alternativa a la cremación tradicional, con controles sanitarios y ambientales.

La presentación se realizó en la comisión de Gobierno, donde la biotecnóloga Fabiola Valenzuela explicó, mediante una conexión por streaming desde Chile, cómo funciona el sistema. La exposición respondió a una iniciativa impulsada por las concejalas Carolina Labayrú y el edil Damián Pullaro, del bloque Unidos, que propone establecer las condiciones para instalar y operar establecimientos dedicados a esta actividad.

Valenzuela describió el procedimiento como un proceso seguro y de menor impacto ambiental. Según explicó, se desarrolla en un equipo cerrado, similar a un autoclave, donde el agua y los productos alcalinos degradan los tejidos en pocas horas. A diferencia de los hornos crematorios convencionales, no utiliza combustibles fósiles ni genera gases de combustión, aunque requiere electricidad y agua.

En cuanto a los tiempos, la especialista indicó que el tratamiento de una mascota de cinco kilos demanda alrededor de tres horas, mientras que para un animal de 30 kilos puede superar las seis. También señaló que el equipo utiliza, en promedio, unos 76 litros de agua y necesita un espacio físico de aproximadamente 30 metros cuadrados.

El procedimiento deja una fracción mineral ósea que puede molerse y entregarse a los responsables del animal en una urna, mientras que la solución líquida resultante debe recibir el tratamiento correspondiente antes de su disposición. Durante la exposición, la biotecnóloga detalló las distintas etapas del servicio, desde el retiro y registro del cuerpo hasta la finalización del proceso y la entrega de los restos. Entre los países donde ya se utiliza mencionó a Canadá, Estados Unidos, algunos de Europa, Ecuador y Colombia.

Tras la presentación, los concejales Mariano Romero, Fabrizio Fiatti, Juan Pedro Aleart y Antonio Salinas formularon consultas sobre el funcionamiento de la tecnología.

Un marco de controles y habilitaciones

El proyecto de ordenanza plantea que la acuamación sea una opción voluntaria, complementaria a los métodos convencionales de disposición final de animales de compañía. No establece su obligatoriedad, sino que busca incorporar el servicio a la normativa municipal.

La propuesta prevé que los establecimientos deban contar con habilitación municipal, aptitud urbanística e informe favorable de impacto ambiental. También establece que solo podrán localizarse en áreas de tejido 6 y 7 o en parques y sectores industriales oficialmente reconocidos, previa evaluación de las áreas competentes.

La Secretaría de Ambiente y Espacio Público sería la autoridad de aplicación, en coordinación con las áreas municipales de Control y Convivencia, Planeamiento y Salud Pública. Entre sus funciones estarían fiscalizar los efluentes líquidos, controlar la gestión de sustancias químicas y verificar los registros de trazabilidad de cada servicio.

Además, las empresas deberían identificar cada animal desde su recepción hasta la entrega de los restos minerales, emitir un certificado de disposición final y obtener el consentimiento informado de sus responsables. El texto también contempla planes de contingencia ante derrames, fallas de equipos o incidentes que puedan afectar la salud pública y el ambiente.

La iniciativa incluye sanciones económicas y posibles clausuras para los establecimientos que incumplan las condiciones de bioseguridad, alteren los registros o realicen vuelcos de efluentes sin tratamiento.

El proyecto deberá continuar su recorrido legislativo en el Concejo. De aprobarse, Rosario incorporaría una nueva modalidad para el tratamiento de los restos de animales de compañía, bajo un régimen específico de habilitación, control y fiscalización.