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Andrea Camuso nació en Rosario y llegó a San Genaro cuando apenas tenía un día de vida. Eso es, al menos, lo que pudo reconstruir a partir de lo que le contaron sus padres de crianza. Creció allí, tuvo una infancia que recuerda con enorme cariño y recién a los seis años supo que era adoptada. Durante décadas, esa fue la única explicación que tuvo sobre su origen.

En el pueblo, sin embargo, su llegada no pasó inadvertida. “La gente grande siempre me decía que mi llegada a San Genaro había sido un alboroto”, cuenta. Era una época en la que las adopciones no tenían la visibilidad de hoy y, en su caso, nadie le dio demasiadas herramientas para conocer qué había ocurrido antes de que ella apareciera en la casa de sus padres.

La historia que Andrea conocía hablaba de una joven del norte que había llegado a Rosario para estudiar, había quedado embarazada y no podía criar a su hija. La explicación parecía cerrada. Hasta que años después comenzó a buscar sus orígenes y se encontró con otras personas que tenían relatos sorprendentemente parecidos.

Hoy forma parte de un grupo de hombres y mujeres que sospechan haber sido separados de sus madres biológicas y entregados a otras familias mediante maniobras irregulares. Algunas de esas historias apuntan a las hermanas parteras Dolly y Silvia Viale, vinculadas durante décadas con el área de maternidad del Hospital Roque Sáenz Peña.



La investigación judicial tomó otra dimensión la semana pasada, cuando la fiscal federal Soledad García imputó a Dolly Viale de Garrido, de 88 años, por la presunta supresión y alteración del estado civil y de la identidad de una niña y por falsedad ideológica de instrumento público. La acusación se concentra por ahora en un caso ocurrido en 1970, pero la Fiscalía investiga además otras denuncias y la posible existencia de un mecanismo clandestino de entrega de recién nacidos a cambio de dinero entre 1968 y 1980.

Andrea es una de las personas que espera poder saber si su propia historia forma parte de ese entramado.


UNA PARTIDA QUE NO ALCANZA

En su caso, hay un documento que siempre estuvo allí: su partida de nacimiento. Lleva los sellos y las firmas de las parteras, pero no consigna un lugar físico de nacimiento que permita reconstruir con precisión dónde ocurrió el parto. Eso, para Andrea, es parte del problema.

“Me trajeron al día siguiente de que nací. Era recién nacida”, recuerda. No sabe quién fue su madre biológica, en qué circunstancias quedó embarazada ni qué ocurrió con ella después del nacimiento.

Tampoco sabe si aquella mujer decidió entregar voluntariamente a su hija, si fue engañada o si alguien le hizo creer que la beba había muerto. Son preguntas que todavía no tienen respuesta.

Y hay otra dificultad: los registros que podrían haber permitido reconstruir esa historia ya no están disponibles. Andrea recuerda que el Hospital Roque Sáenz Peña sufrió un incendio en el que se perdió documentación. Además, los procedimientos de aquella época eran manuales y muchos datos no quedaron digitalizados ni sistematizados. “Yo no sé si alguna vez me voy a poder enterar”, asume.

Por eso, el proceso judicial tiene para ella un significado que va más allá de determinar la eventual responsabilidad de las personas denunciadas. También puede ser una oportunidad para acercarse a una historia familiar que lleva más de medio siglo incompleta.


EL DÍA QUE ENCONTRÓ A OTROS COMO ELLA

En 2022 Andrea decidió contar públicamente su historia en Facebook. El relato se viralizó. Poco después, una mujer que conocía un grupo dedicado a la búsqueda de los orígenes de personas adoptadas le escribió y le ofreció incorporarla. Allí encontró algo que la impactó: no estaba sola.

“Todos tenían la misma historia”, cuenta. Jóvenes o adultos nacidos en distintos lugares, criados por otras familias y con partidas de nacimiento que presentaban elementos similares. Hay personas de San Genaro, Bigand, Rosario, Mar del Plata, Pinamar y hasta un hombre que actualmente vive en Texas, Estados Unidos.

Algunas familias adoptivas ya no existen. Sus padres murieron y, para quienes necesitan realizar estudios genéticos, eso significa que posiblemente haya que recurrir a exhumaciones para establecer los vínculos biológicos.

Una de las integrantes del grupo ya tenía realizado un ADN. Otra es Silvina, hija de Dolly Viale y, al mismo tiempo, denunciante. En su caso, la Justicia ordenó una extracción de ADN de la partera después de que esta se negara a realizarla voluntariamente.

Andrea también deberá atravesar ese proceso.


LA PREGUNTA POR UNA MUJER QUE NUNCA CONOCIÓ

Hay algo que le pesa especialmente. Andrea no habla de sus padres de crianza con resentimiento. Todo lo contrario. “Tuve una infancia maravillosa. Dos padres maravillosos que me dieron hasta lo que no tenían”, cuenta. Recuerda especialmente el vínculo con su padre y habla de ellos con gratitud. Por eso, la búsqueda de su identidad no significa cuestionar el amor de quienes la criaron.

La pregunta es otra: qué ocurrió antes.

Andrea piensa en esa mujer que, según la historia que le contaron, habría llegado desde el norte a Rosario. No sabe su nombre. No sabe si alguna vez pudo volver a verla. No sabe si quiso entregar a su hija ni en qué circunstancias tomó esa decisión.

“Yo no sé mi mamá biológica en qué condiciones me dio, si realmente lo quiso hacer, si la engañaron”, explica. Y esa incertidumbre es la que la llevó a participar de la denuncia colectiva.

“Que por lo menos se haga justicia por esas madres que, si nos dieron o les sacaron engañadas sus bebés, que se haga justicia por ellas”, sostiene.


UNA HISTORIA QUE RECIÉN EMPIEZA

Para Andrea, que el caso haya llegado a la Justicia tiene también un sentido de urgencia. Las personas señaladas tienen entre 85 y 88 años y buena parte de los posibles protagonistas de aquellas historias ya murió.

La investigación deberá determinar qué ocurrió realmente, quiénes intervinieron y si existió o no una organización dedicada a la entrega ilegal de bebés. La Fiscalía ya incorporó otras denuncias y analiza documentación relacionada con los nacimientos.

Mientras tanto, Andrea espera el estudio que pueda acercarla a una respuesta.

No sabe si encontrará a su madre biológica. Tampoco sabe si podrá reconstruir qué ocurrió aquel día de 1972 en el que una beba fue llevada desde Rosario hasta San Genaro.

Lo que sí sabe es que durante más de medio siglo vivió con una historia que comenzaba un día después de su nacimiento. Ahora intenta conocer qué pasó durante esas primeras horas que quedaron fuera de su propia memoria.