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Revelan cómo nacieron los nombres de “Mi pobre angelito” y otros clásicos
Hubo una época en la que las películas de Hollywood podían llegar a los hogares con un nombre completamente distinto al que tenían en su país de origen. Antes de las plataformas de streaming y de...
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Hubo una época en la que las películas de Hollywood podían llegar a los hogares con un nombre completamente distinto al que tenían en su país de origen. Antes de las plataformas de streaming y de las traducciones automáticas, alguien tenía que decidir cómo presentar cada estreno al público local.
Y en Argentina, una de las personas que tuvo un papel clave en esas decisiones fue Luis Scalella, vinculado a Gativideo, una de las compañías que dominó durante años el mercado de distribución de películas en VHS.
En una entrevista con NewsDigitales, Scalella repasó algunas de las historias detrás de los nombres que terminaron convirtiéndose en clásicos y explicó que, en varios casos, la traducción literal no era una opción.
“Mi pobre angelito”
Uno de los casos más famosos fue el de Home Alone, la película protagonizada por Macaulay Culkin. En lugar de traducir el título de manera directa, Scalella buscó una expresión que transmitiera la personalidad del protagonista. La idea surgió a partir de un recuerdo familiar y terminó convirtiéndose en “Mi pobre angelito”.
El nombre terminó siendo tan reconocido que para varias generaciones de espectadores resulta difícil imaginar la película con otro título.
Algo parecido sucedió con Die Hard, el clásico de acción protagonizado por Bruce Willis. Mientras en España se la conoció como La jungla de cristal, Scalella consideró que ese nombre no representaba demasiado bien lo que ocurría en la película.
La solución fue “Duro de matar”, una denominación que se volvió prácticamente inseparable del personaje de John McClane.
“Perros de la calle”
En el caso de Reservoir Dogs, dirigida por Quentin Tarantino, Scalella descartó una traducción literal porque consideraba que no resultaría atractiva para el público. Finalmente eligió “Perros de la calle”, título con el que la película se hizo conocida en buena parte de Latinoamérica.
También ocurrió con Mrs. Doubtfire, la comedia protagonizada por Robin Williams. El nombre elegido fue “Papá por siempre”, una adaptación que nuevamente se alejaba de la traducción textual pero buscaba transmitir de manera más directa la historia.
La estrategia respondía a que los títulos debían llamar la atención y resultar fáciles de recordar. No se trataba simplemente de traducir palabra por palabra, sino de encontrar una denominación que funcionara comercialmente en cada mercado.
La marca que aparecía antes de cada película
Aquellos títulos llegaban a los hogares en una época en la que alquilar una película implicaba ir personalmente a un videoclub, elegir un VHS y esperar unos segundos frente al televisor antes de que comenzara la función. En ese ritual había una presencia que se volvió inconfundible: Gativideo.
La compañía fue una de las grandes protagonistas del crecimiento del VHS en Argentina. Su presentación incluía una animación y una música que terminaron convirtiéndose en parte de la memoria colectiva.
Scalella contó que la estética del logo tuvo como referencia el universo de Star Wars y también tomó elementos vinculados a Superman. La presentación estaba acompañada por “Fanfare for the Common Man”, una composición del estadounidense Aaron Copland. Después aparecía otro sonido reconocible para quienes alquilaban películas en aquella época: “Silhouette”, de Kenny G.
Con el tiempo, esas melodías terminaron funcionando como una verdadera identidad sonora. Para muchos espectadores, escucharlas significaba que la película estaba a punto de comenzar.
El auge y el final del VHS
Gativideo surgió en plena expansión del mercado de películas para el hogar. El proyecto tuvo entre sus protagonistas a Scalella y al empresario español Enrique Cerezo y atravesó diferentes etapas hasta consolidarse con el nombre que se hizo conocido en todo el país.
La compañía llegó a superar los 200 empleados, tuvo una planta en San Luis y trabajó con producciones de grandes estudios como Disney y Fox, además de películas independientes.
El alquiler era el principal negocio y los videoclubes funcionaban como el punto de encuentro entre las distribuidoras y el público.
Pero la industria comenzó a cambiar. La expansión del cable, la piratería, la aparición de nuevos formatos y el cierre progresivo de los videoclubes fueron debilitando el modelo que había convertido al VHS en un fenómeno.
Con la llegada del DVD y las nuevas formas de acceder al cine, Gativideo comenzó a perder protagonismo hasta dejar atrás aquella actividad.
Y en Argentina, una de las personas que tuvo un papel clave en esas decisiones fue Luis Scalella, vinculado a Gativideo, una de las compañías que dominó durante años el mercado de distribución de películas en VHS.
En una entrevista con NewsDigitales, Scalella repasó algunas de las historias detrás de los nombres que terminaron convirtiéndose en clásicos y explicó que, en varios casos, la traducción literal no era una opción.
“Mi pobre angelito”
Uno de los casos más famosos fue el de Home Alone, la película protagonizada por Macaulay Culkin. En lugar de traducir el título de manera directa, Scalella buscó una expresión que transmitiera la personalidad del protagonista. La idea surgió a partir de un recuerdo familiar y terminó convirtiéndose en “Mi pobre angelito”.
El nombre terminó siendo tan reconocido que para varias generaciones de espectadores resulta difícil imaginar la película con otro título.
Algo parecido sucedió con Die Hard, el clásico de acción protagonizado por Bruce Willis. Mientras en España se la conoció como La jungla de cristal, Scalella consideró que ese nombre no representaba demasiado bien lo que ocurría en la película.
La solución fue “Duro de matar”, una denominación que se volvió prácticamente inseparable del personaje de John McClane.
“Perros de la calle”
En el caso de Reservoir Dogs, dirigida por Quentin Tarantino, Scalella descartó una traducción literal porque consideraba que no resultaría atractiva para el público. Finalmente eligió “Perros de la calle”, título con el que la película se hizo conocida en buena parte de Latinoamérica.
También ocurrió con Mrs. Doubtfire, la comedia protagonizada por Robin Williams. El nombre elegido fue “Papá por siempre”, una adaptación que nuevamente se alejaba de la traducción textual pero buscaba transmitir de manera más directa la historia.
La estrategia respondía a que los títulos debían llamar la atención y resultar fáciles de recordar. No se trataba simplemente de traducir palabra por palabra, sino de encontrar una denominación que funcionara comercialmente en cada mercado.
La marca que aparecía antes de cada película
Aquellos títulos llegaban a los hogares en una época en la que alquilar una película implicaba ir personalmente a un videoclub, elegir un VHS y esperar unos segundos frente al televisor antes de que comenzara la función. En ese ritual había una presencia que se volvió inconfundible: Gativideo.
La compañía fue una de las grandes protagonistas del crecimiento del VHS en Argentina. Su presentación incluía una animación y una música que terminaron convirtiéndose en parte de la memoria colectiva.
Scalella contó que la estética del logo tuvo como referencia el universo de Star Wars y también tomó elementos vinculados a Superman. La presentación estaba acompañada por “Fanfare for the Common Man”, una composición del estadounidense Aaron Copland. Después aparecía otro sonido reconocible para quienes alquilaban películas en aquella época: “Silhouette”, de Kenny G.
Con el tiempo, esas melodías terminaron funcionando como una verdadera identidad sonora. Para muchos espectadores, escucharlas significaba que la película estaba a punto de comenzar.
El auge y el final del VHS
Gativideo surgió en plena expansión del mercado de películas para el hogar. El proyecto tuvo entre sus protagonistas a Scalella y al empresario español Enrique Cerezo y atravesó diferentes etapas hasta consolidarse con el nombre que se hizo conocido en todo el país.
La compañía llegó a superar los 200 empleados, tuvo una planta en San Luis y trabajó con producciones de grandes estudios como Disney y Fox, además de películas independientes.
El alquiler era el principal negocio y los videoclubes funcionaban como el punto de encuentro entre las distribuidoras y el público.
Pero la industria comenzó a cambiar. La expansión del cable, la piratería, la aparición de nuevos formatos y el cierre progresivo de los videoclubes fueron debilitando el modelo que había convertido al VHS en un fenómeno.
Con la llegada del DVD y las nuevas formas de acceder al cine, Gativideo comenzó a perder protagonismo hasta dejar atrás aquella actividad.
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