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El cineasta chileno Patricio Guzmán murió este martes a los 85 años en París, ciudad donde residía desde hacía décadas. El realizador falleció en un hospital de la capital francesa a causa de un paro cardiorrespiratorio, según informaron fuentes cercanas a la familia y confirmó CinemaChile.

Guzmán fue uno de los principales documentalistas chilenos y una figura de referencia del cine político latinoamericano. Su filmografía estuvo atravesada durante más de cinco décadas por la historia reciente de Chile, desde el gobierno de Salvador Allende hasta la dictadura de Augusto Pinochet y sus consecuencias.

Nacido en Santiago el 11 de agosto de 1941, estudió en el Instituto Fílmico de la Universidad Católica y posteriormente en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid. A fines de 1970 regresó a Chile y comenzó a registrar el proceso político encabezado por Allende.

De ese trabajo surgió su obra más conocida, La batalla de Chile: la lucha de un pueblo sin armas, una trilogía integrada por La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de Estado (1976) y El poder popular (1979).

Guzmán y su equipo filmaron elecciones, fábricas, huelgas, concentraciones, debates y enfrentamientos durante los meses previos al golpe del 11 de septiembre de 1973. Las imágenes continuaron registrándose hasta el mismo día del derrocamiento de Allende.

Después del golpe, el director fue detenido y trasladado al Estadio Nacional, donde permaneció cerca de dos semanas. Tras recuperar su libertad, abandonó Chile. Parte del material filmado logró salir clandestinamente del país y fue llevado a Cuba, donde Guzmán y Pedro Chaskel realizaron el montaje de La batalla de Chile.

El exilio también estuvo marcado por la desaparición del camarógrafo Jorge Müller, integrante del equipo de la película, quien fue detenido y desaparecido por la dictadura en noviembre de 1974.


UNA OBRA DEDICADA A LA MEMORIA

Guzmán se radicó finalmente en Francia, pero continuó construyendo su obra alrededor de Chile. En 1997 estrenó Chile, la memoria obstinada, donde volvió sobre los protagonistas de La batalla de Chile. También realizó El caso Pinochet (2001) y Salvador Allende (2004).

Durante la última etapa de su carrera desarrolló una mirada que vinculó memoria, territorio, paisaje e historia. Nostalgia de la luz (2010) relacionó la búsqueda astronómica en el desierto de Atacama con la búsqueda de los restos de personas desaparecidas durante la dictadura.

Luego llegaron El botón de nácar (2015), sobre la relación entre agua, pueblos originarios, colonización y violencia política, y La cordillera de los sueños (2019), centrada en el paisaje de los Andes y la historia chilena. Esta última obtuvo el Ojo de Oro al mejor documental en Cannes y el Goya a Mejor Película Iberoamericana en 2022.

Su última película fue Mi país imaginario (2022), presentada en el Festival de Cannes, donde registró las movilizaciones sociales iniciadas en Chile en octubre de 2019 y el protagonismo de las nuevas generaciones.

En 2023 recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales de Chile. A lo largo de su carrera también obtuvo, entre otros reconocimientos, el Oso de Plata de la Berlinale, el Premio del Cine Europeo, el Ojo de Oro de Cannes y el Goya.

Guzmán dejó una obra dedicada a preservar las imágenes de una historia que atravesó personalmente y que nunca dejó de interrogar. Una de sus frases más conocidas sintetiza esa concepción del documental: “Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías”.

Con su muerte desaparece uno de los grandes nombres del cine documental chileno y latinoamericano, pero queda una filmografía construida durante más de medio siglo alrededor de una misma pregunta: cómo recordar aquello que un país no puede —o no quiere— olvidar.