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La inversión productiva no despega en Argentina pese al conjunto de medidas anunciadas por el Gobierno de Javier Milei para atraer capitales. Un informe del centro de estudios Demos avala esta hipótesis al sostener que el problema no está en la "falta de incentivos" sino en el propio "funcionamiento" del modelo macroeconómico impulsado por Milei y Luis Caputo, que, según explican, "desalienta la actividad interna" y favorece la "valorización financiera".

El documento, titulado “¿Qué pasa con la inversión que no arranca? (y, probablemente, no lo haga en el futuro)”, fue elaborado por el economista Ignacio Trucco y forma parte de la serie La Macro en la Mira, donde pone bajo la lupa la evolución de la inversión, su relación con las exportaciones y el comportamiento de la inversión extranjera directa.

Allí expone que los instrumentos creados para promover la inversión —entre ellos el RIGI y el RIMI, además de blanqueos de capitales, reformas fiscales, desregulaciones y cambios en la legislación laboral— "no alcanzaron" para revertir el comportamiento señalado.

“Por el contrario, la inversión ha mostrado un desempeño claramente peor al visto en períodos anteriores cuando, al parecer, no regía ni la libertad de empresa ni el derecho fundamental a la propiedad privada”, sostiene el informe.

Desde este punto, el análisis apunta a la contradicción de analizar la inversión sin tener en cuenta las exportaciones, ya que deja afuera una de las principales restricciones de la economía argentina, como es la disponibilidad de dólares. La cuestión central, según Trucco, es que una mayor inversión "también demanda divisas" para importar bienes de capital y otros insumos.



El economista identifica, entonces, períodos en los que la inversión cayó incluso cuando las exportaciones crecían, citando el caso de los años 1998-2002, 2018-2019 y el período iniciado en 2024. Y es que, en todos estos casos, los programas económicos se basaron en la apreciación cambiaria y la valorización financiera, pero sin conseguir las divisas suficientes.

“Cuando no hay fuentes de financiamiento externo para empujar la actividad (e inversión consecuente), esta debe retroceder para evitar la crisis del balance de pagos o, incluso, para pagar la salida de capitales asociadas a estas crisis”, plantea Trucco.

En la crisis de la convertibilidad, la diferencia entre exportaciones e inversión llegó a representar un máximo del 15% del PIB y tuvo un promedio trimestral de 5,8%. Durante la crisis de 2018-2019, el promedio fue del 5,7%, mientras que desde la llegada de la actual administración alcanza el 5,4%.

La diferencia, sostiene el informe, es que el esquema de Milei y Caputo no atravesó una etapa inicial de fuerte ingreso de financiamiento externo que permitiera sostener la actividad. Por el contrario, Trucco sostiene que el esfuerzo recayó desde el comienzo sobre la economía real.



Por eso el informe cuestiona la expectativa de que los regímenes de promoción de inversiones puedan, por sí solos, modificar la tasa de inversión de la economía argentina. La razón, según Trucco, es que la "demanda interna" continúa siendo un componente central para determinar la actividad y, por lo tanto, las decisiones de inversión de las empresas.

“Los regímenes de promoción de las inversiones no tienen el efecto esperado por una razón muy sencilla: no son estos regímenes los que definen la tasa de inversión de una economía compleja y de tamaño medio como la argentina”, señala Trucco para graficar cómo el mismo esquema macroeconómico contrae el mercado interno.

El mismo razonamiento aparece al analizar la inversión extranjera directa (IED). Aunque este tipo de capital suele asociarse con actividades destinadas a la exportación, el informe advierte que una parte importante de esta inversión también depende del mercado interno.

Y es que según el documento, las exportaciones aumentaron desde 2021, pero la inversión extranjera "no recuperó el dinamismo esperado ni acompañó" el crecimiento. Para Trucco, la explicación reside en que el mercado interno no se desarrolló en paralelo.

Y si bien el informe reconoce que existen inversiones con un perfil más estrictamente "exportador", particularmente en minería, petróleo y gas, sostiene en cambio que los montos todavía están lejos de los máximos registrados entre 2011 y 2014.

“Poco importa a la realidad los anuncios de cifras espectaculares de inversiones si después no mueven los indicadores”, señala como conclusión el informe.