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La economía se desplomó y registró su peor caída desde la pandemia
La economía argentina recibió un nuevo golpe en julio. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,9% respecto de junio y marcó así el peor resultado mensual desde los meses más c...
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La economía argentina recibió un nuevo golpe en julio. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,9% respecto de junio y marcó así el peor resultado mensual desde los meses más críticos de la pandemia. Además, en comparación con julio de 2025, la actividad retrocedió 1,4%.
El dato oficial del Indec profundizó las señales de enfriamiento que ya habían comenzado a aparecer en sectores clave como la industria, la construcción y el comercio. La preocupación crece porque el segundo trimestre ya había terminado con una caída de la actividad y julio volvió a mostrar números negativos.
La magnitud del retroceso también llamó la atención entre los analistas. Dejando de lado los meses atravesados por las restricciones de 2020, para encontrar una caída mensual de una dimensión similar hay que retroceder hasta septiembre de 2019.
En lo que va del año, la actividad acumula una mejora de apenas 1,7%. Además, la evolución mes a mes vuelve a mostrar una economía con fuertes altibajos y el nivel del EMAE desestacionalizado quedó nuevamente cerca de los registros de marzo de 2025.
El retroceso tampoco fue parejo entre sectores. Las actividades más vinculadas al mercado interno aparecen entre las más golpeadas, mientras que los números positivos se concentran principalmente en algunos sectores primarios y exportadores.
La industria manufacturera fue uno de los principales focos de preocupación. Su producción cayó 5% en julio respecto de junio y acumuló un retroceso interanual del 4,6%.
El comercio también tuvo un fuerte descenso, con una baja del 5,1% interanual. A esto se sumó una caída del 3% en la intermediación financiera. La construcción, por su parte, retrocedió 4,6% frente al mes anterior.
En contraste, la minería y la explotación de hidrocarburos crecieron 8,4% en la comparación interanual. La pesca registró una suba extraordinaria del 424,5%, aunque se trata de una actividad con fuertes variaciones estadísticas y su crecimiento no alcanzó para compensar el retroceso de los sectores de mayor peso.
Desde el Gobierno atribuyeron parte de la caída a factores transitorios. El ministro de Economía, Luis Caputo, mencionó entre otros motivos una menor disponibilidad de gas para la industria, condiciones climáticas que afectaron a la construcción y la minería y una reducción de las horas trabajadas durante el Mundial.
Entre los economistas, sin embargo, también aparecen explicaciones vinculadas con problemas más estructurales. La recuperación incompleta de los salarios, la debilidad del crédito, el menor nivel de demanda y las dificultades que atraviesan distintos sectores productivos forman parte de los factores señalados para explicar el enfriamiento.
El Gobierno había apostado a que la estabilización de las principales variables macroeconómicas permitiera una recuperación más amplia después del fuerte ajuste inicial. Por ahora, los datos muestran que ese rebote perdió fuerza y todavía no logró extenderse de manera generalizada.
El resultado de julio además complica el panorama para el tercer trimestre. Entre abril y junio, el PBI había caído 0,6% frente al primer trimestre. Si el período julio-septiembre también terminara en negativo, la economía volvería a cumplir con el criterio habitual de dos trimestres consecutivos de contracción.
El desafío es que todavía no aparece con claridad un motor capaz de sostener una recuperación firme. El consumo continúa condicionado por el poder adquisitivo y el mercado laboral, la inversión acumula varios trimestres de retroceso y el Gobierno mantiene limitado el gasto público como parte de su estrategia para sostener el superávit fiscal.
El dato oficial del Indec profundizó las señales de enfriamiento que ya habían comenzado a aparecer en sectores clave como la industria, la construcción y el comercio. La preocupación crece porque el segundo trimestre ya había terminado con una caída de la actividad y julio volvió a mostrar números negativos.
La magnitud del retroceso también llamó la atención entre los analistas. Dejando de lado los meses atravesados por las restricciones de 2020, para encontrar una caída mensual de una dimensión similar hay que retroceder hasta septiembre de 2019.
En lo que va del año, la actividad acumula una mejora de apenas 1,7%. Además, la evolución mes a mes vuelve a mostrar una economía con fuertes altibajos y el nivel del EMAE desestacionalizado quedó nuevamente cerca de los registros de marzo de 2025.
El retroceso tampoco fue parejo entre sectores. Las actividades más vinculadas al mercado interno aparecen entre las más golpeadas, mientras que los números positivos se concentran principalmente en algunos sectores primarios y exportadores.
La industria manufacturera fue uno de los principales focos de preocupación. Su producción cayó 5% en julio respecto de junio y acumuló un retroceso interanual del 4,6%.
El comercio también tuvo un fuerte descenso, con una baja del 5,1% interanual. A esto se sumó una caída del 3% en la intermediación financiera. La construcción, por su parte, retrocedió 4,6% frente al mes anterior.
En contraste, la minería y la explotación de hidrocarburos crecieron 8,4% en la comparación interanual. La pesca registró una suba extraordinaria del 424,5%, aunque se trata de una actividad con fuertes variaciones estadísticas y su crecimiento no alcanzó para compensar el retroceso de los sectores de mayor peso.
Desde el Gobierno atribuyeron parte de la caída a factores transitorios. El ministro de Economía, Luis Caputo, mencionó entre otros motivos una menor disponibilidad de gas para la industria, condiciones climáticas que afectaron a la construcción y la minería y una reducción de las horas trabajadas durante el Mundial.
Entre los economistas, sin embargo, también aparecen explicaciones vinculadas con problemas más estructurales. La recuperación incompleta de los salarios, la debilidad del crédito, el menor nivel de demanda y las dificultades que atraviesan distintos sectores productivos forman parte de los factores señalados para explicar el enfriamiento.
El Gobierno había apostado a que la estabilización de las principales variables macroeconómicas permitiera una recuperación más amplia después del fuerte ajuste inicial. Por ahora, los datos muestran que ese rebote perdió fuerza y todavía no logró extenderse de manera generalizada.
El resultado de julio además complica el panorama para el tercer trimestre. Entre abril y junio, el PBI había caído 0,6% frente al primer trimestre. Si el período julio-septiembre también terminara en negativo, la economía volvería a cumplir con el criterio habitual de dos trimestres consecutivos de contracción.
El desafío es que todavía no aparece con claridad un motor capaz de sostener una recuperación firme. El consumo continúa condicionado por el poder adquisitivo y el mercado laboral, la inversión acumula varios trimestres de retroceso y el Gobierno mantiene limitado el gasto público como parte de su estrategia para sostener el superávit fiscal.
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