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Una de las históricas plantas industriales de Rosario cambiará de manos y se prepara para una nueva etapa. Molinos Río de la Plata acordó vender al Grupo Elementa el acopio de cereales y las instalaciones de molienda y refinación del complejo Santa Clara, ubicado sobre avenida Uriburu. El comprador anunció una inversión de US$100 millones destinada a recuperar capacidad industrial, incorporar tecnología y ampliar la producción.

La operación no implica el cierre de la planta ni la salida de Molinos de Rosario. Elementa proyecta llevar su capacidad de molienda hasta 465.000 toneladas anuales y la refinación de aceites hasta 170.000 toneladas, lo que representará un salto significativo para la compañía. Durante las obras se prevé la generación de más de 120 empleos directos e indirectos y, una vez finalizada la transformación, la empresa estima mantener entre 60 y 65 puestos de trabajo directos.

La toma de posesión de los activos está prevista para noviembre de 2026, cuando también se concretará el traspaso del personal vinculado a las actividades transferidas. Según informó Elementa, los trabajadores continuarán bajo el convenio de la actividad aceitera y no se prevé una reducción de la plantilla. La compañía también anunció la participación de entre seis y siete empresas contratistas de la región durante el proceso de obras.

Para Molinos, la venta forma parte de una estrategia para concentrar capital y gestión en su negocio de marcas de consumo masivo. La empresa definió los activos transferidos como no estratégicos y señaló que los recursos obtenidos serán destinados a financiar su plan de crecimiento y expansión. Al mismo tiempo, ambas compañías firmaron acuerdos de largo plazo para garantizar servicios de molienda, abastecimiento de aceite crudo y refinación de girasol y soja.

El cambio configura así un nuevo escenario para Santa Clara: dos empresas continuarán operando dentro del mismo predio, con actividades diferentes pero vinculadas. Elementa quedará a cargo del acopio, la molienda y la refinación y desembolsará US$100 millones para modernizar y ampliar la capacidad industrial, mientras Molinos conservará su fábrica de envasado de aceites y otros productos. La histórica planta rosarina no cierra: cambia de configuración y comienza un nuevo ciclo productivo.