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La previa del clásico rosarino dejó una escena de violencia que tuvo como víctima a un trabajador que buscaba ganarse la vida con la venta ambulante. Nicolás Marín, de 35 años, fue asaltado por un grupo de personas que llegó en varias motos mientras se encontraba en la zona de bulevar Rondeau y Olivé, junto a su hijo.

Marín, hincha de Rosario Central, llevaba camisetas del club que había comprado con mucho esfuerzo para vender durante la jornada. La mercadería representaba una inversión importante para su economía familiar y había sido adquirida con ahorros provenientes de la Asignación Universal por Hijo. Su objetivo era reunir dinero para comprar un vehículo y dejar paulatinamente la venta callejera.

El robo ocurrió durante el día y quedó registrado en medio del movimiento previo al partido. Según relató el propio vendedor, los atacantes rodearon su puesto y se llevaron prácticamente toda la mercadería. La situación se volvió todavía más angustiante porque su pequeño hijo Eloy se encontraba con él en ese momento.



El episodio derivó en una persecución policial que terminó con dos personas detenidas en jurisdicción de la Comisaría 16ª. Sin embargo, la historia de Marín tomó otra dimensión cuando comenzó a circular por las redes sociales y numerosos rosarinos expresaron su solidaridad con el trabajador.

Entre quienes conocieron lo sucedido estuvo Ángel Di María. El capitán de Central decidió intervenir y tuvo un gesto que sorprendió a Marín y a su familia: le hizo llegar una camiseta oficial del club autografiada por él.

La idea es que la camiseta pueda ser subastada y que el dinero obtenido permita al vendedor recuperar, al menos en parte, la inversión que perdió durante el robo. El regalo del futbolista se sumó así a la campaña solidaria que comenzó a organizarse para acompañar económicamente a la familia.

Quienes quieran colaborar con Nicolás pueden realizar una transferencia a través de Mercado Pago. El alias informado para la colecta es nicolasmarin123, correspondiente a una cuenta a su nombre.

El caso generó una fuerte reacción en Rosario, tanto por la violencia del robo como por la situación particular del trabajador, que había apostado sus ahorros a una jornada de ventas para intentar mejorar las condiciones económicas de su familia.