Escuchar artículo
La mujer sufrió un importante hematoma, recibió puntos de sutura y quedó bajo observación médica. Pese a estar herida, logró controlar la moto antes de desvanecerse. “Soy otra Ivana”, repetía mientras pensaba que no iba a sobrevivir al ataque. Su hijo, de 18 años, recibió un golpe en el brazo y quedó profundamente asustado.

El episodio vuelve a encender una alarma que Rosario conoce demasiado bien. El 30 de septiembre de 2023, Ivana Garcilazo también volvía a su casa en moto después de un partido de Central cuando fue atacada a piedrazos por simpatizantes rojinegros. Una baldosa le impactó en la cabeza y la mató. Por aquel homicidio serán juzgados tres acusados, que enfrentan pedidos de entre 30 y 33 años de prisión.

Tres años después, la escena se repite: una mujer identificada con Central, una moto, piedras lanzadas a la cabeza y un ataque que pudo terminar nuevamente en una muerte. No se trata de folclore, pasión ni rivalidad deportiva. Es violencia criminal ejercida por grupos que utilizan una camiseta como excusa.

Brenda logró sobrevivir. Ivana no. La reiteración de estos ataques demuestra que las advertencias posteriores al homicidio no alcanzaron y obliga a preguntarse qué controles fallaron para que, nuevamente, una persona estuviera a punto de morir simplemente por llevar los colores de su club.