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Brenda Ruiz Díaz quería llegar a la final, pero terminó celebrando un bronce que tuvo un valor especial. La taekwondista rosarina venció 2-0 a la uruguaya Milagros Álvarez y consiguió el tercer puesto en la categoría hasta 67 kilos de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Lo hizo en su ciudad, rodeada por familiares, amigos, compañeros de escuela y banderas con su nombre.

“Estoy muy feliz de ser local, más local que nunca. Está toda mi familia, se hicieron remeras, vinieron con banderas, está toda mi escuela. La verdad que es algo que nunca experimenté”, contó Brenda después del combate.

La posibilidad de competir en casa era algo que había esperado. El año pasado había intentado vivir una experiencia similar en los Jadar, pero una lesión la dejó afuera. Esta vez pudo hacerlo en los Suramericanos y frente a su gente.

“Lo quise experimentar en los Jadar y no pude porque me había lesionado. Así que nada, más que contenta y orgullosa de representar a Rosario”, dijo la deportista.

El camino hasta el bronce había comenzado con una victoria ante la peruana Eliana Vásquez. En semifinales, Ruiz Díaz cayó ante la chilena Claudia Gallardo, resultado que la dejó con la posibilidad de disputar el tercer puesto. Allí consiguió recuperarse y superó a Álvarez por 2-0.

La medalla llegó después de una jornada atravesada también por las dudas personales que la rosarina reconoce como parte de su carrera. “Me pesa mucho el decir ‘no puedo’, o ‘no me sale’, o ‘no voy a poder’”, explicó.

Según contó, esas inseguridades la acompañaron durante buena parte de su trayectoria, pero también encontró en el taekwondo una herramienta para avanzar. “A mí me abrió muchas puertas. Yo, gracias a Dios, puedo decir que vivo del taekwondo. Y me encanta porque es lo que yo más amo”, señaló.

En ese proceso, su familia y sus amigos ocuparon un lugar central. “Siempre me bloqueaba a mí misma y me decía: ‘no, no, no, no vas a poder’. Pero por suerte siempre tengo a mi familia, a mis amigos, a mi gente que está ahí recordándome todo lo que soy capaz”, relató.


EL BRONCE NO ERA EL OBJETIVO

Ruiz Díaz no ocultó que quería algo más. La derrota en semifinales le dejó sabor amargo, sobre todo porque venía acumulando terceros puestos en competencias importantes y buscaba cambiar el color de la medalla.

“Yo no quería la de bronce. Hablé con mi profe cuando salí perdiendo la final. Ya no quiero más bronce porque vengo de sacar bronce en los Juegos Panamericanos, el Panamericano grande y en los torneos que tuve como nueva categoría también saqué bronce. Yo quería llegar a la final”, contó.

Después del combate por el tercer puesto, sin embargo, pudo valorar lo conseguido.

“Me hubiese gustado estar en la final y dejar a la Argentina un poco más alto, pero sé que peleé con el corazón y con las ganas que tenía de pelear. Así que muy, muy contenta por la medalla de bronce”, afirmó.

Competir en casa también implicaba manejar una presión diferente. El ruido de las tribunas, los gritos de familiares y amigos y la expectativa de quienes la conocen podían convertirse en una distracción.

Antes de salir al combate, su entrenador le dio una consigna sencilla: “Somos vos y yo. Vos me escuchás a mí, yo te grito, vos me escuchás. Concentrate en eso, el ruido de afuera es solamente ruido. Y concentráte en ganar para ir a festejar con tu gente”.

La estrategia funcionó. Después del 2-0 sobre la uruguaya, Brenda pudo finalmente encontrarse con los suyos y festejar el podio.

Familiares con banderas, amigos y compañeros de escuela fueron parte de una escena que la rosarina había imaginado durante años. Esta vez, la competencia internacional estaba en su ciudad y ella pudo estar adentro del tatami.

El bronce quedó para Brenda Ruiz Díaz. Pero la medalla llegó acompañada por algo que para ella tenía un significado particular: representar a Argentina y, al mismo tiempo, hacerlo delante de la gente con la que comparte su vida cotidiana en Rosario.