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A 50 años, la memoria de La Noche de los Lápices
Hace 50 años, en la noche del 16 de septiembre de 1976, un grupo de estudiantes secundarios de La Plata fue secuestrado por fuerzas represivas de la última dictadura. Tenían entre 16 y 18 años y, ...
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Hace 50 años, en la noche del 16 de septiembre de 1976, un grupo de estudiantes secundarios de La Plata fue secuestrado por fuerzas represivas de la última dictadura. Tenían entre 16 y 18 años y, en su mayoría, militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). El operativo se prolongó durante los días siguientes y terminó convirtiéndose en uno de los episodios más recordados de la represión contra los jóvenes: La Noche de los Lápices.
Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Acha fueron secuestrados de sus domicilios y permanecen desaparecidos. Emilce Moler, Patricia Miranda, Pablo Díaz y Gustavo Calotti también fueron capturados, pero sobrevivieron y años después pudieron reconstruir parte de lo ocurrido.
Los secuestros fueron ejecutados en los primeros meses de la dictadura iniciada el 24 de marzo de ese año. Participaron efectivos de la Policía de la provincia de Buenos Aires y personal vinculado al Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Los jóvenes fueron trasladados a centros clandestinos de detención, entre ellos Arana y el Pozo de Banfield, donde fueron sometidos a torturas.
Durante años, la historia quedó fuertemente asociada al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario, una reivindicación por la que varios de los jóvenes habían participado en movilizaciones durante 1975. Sin embargo, ese relato requiere una precisión. Emilce Moler, una de las sobrevivientes, explicó que la protesta por el boleto había ocurrido el año anterior y que, durante su cautiverio, los represores no le preguntaron por ese reclamo sino por su militancia política en la UES.
La mayoría de los estudiantes secuestrados tenía militancia política. Algunos pertenecían a la UES, vinculada al peronismo de izquierda, y otros a la Juventud Guevarista, rama juvenil del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Esa actividad política formaba parte de un universo juvenil que la dictadura buscó perseguir y desarticular mediante el terrorismo de Estado.
La secuencia de los secuestros comenzó durante la noche del 16 de septiembre. Falcone, López Muntaner, Ciocchini, Ungaro, Racero y De Acha fueron arrancados de sus casas. Al día siguiente fueron detenidas Moler y Miranda, mientras que Díaz fue secuestrado cuatro días después. Los jóvenes pasaron primero por el centro clandestino de detención de Arana y posteriormente algunos fueron trasladados al Pozo de Banfield.
Los testimonios de los sobrevivientes permitieron conocer las condiciones de cautiverio y las torturas a las que fueron sometidos. Sus relatos también contribuyeron a reconstruir la dimensión de la represión sobre los adolescentes y jóvenes que participaban en organizaciones políticas y estudiantiles.
Con el regreso de la democracia, La Noche de los Lápices se convirtió en un símbolo de la persecución de las juventudes y de la militancia estudiantil durante la dictadura. Desde 2014, además, cada 16 de septiembre se conmemora oficialmente el Día Nacional de la Juventud, establecido por la Ley 27.002.
Medio siglo después, los nombres de Falcone, López Muntaner, Ciocchini, Ungaro, Racero y De Acha siguen ligados a una de las páginas más dolorosas de la historia reciente argentina. Tenían la edad de muchos de los estudiantes que hoy vuelven a las aulas cada septiembre. La fecha recuerda, justamente, que aquellos jóvenes fueron perseguidos no por haber protagonizado un hecho aislado, sino en el marco de una política represiva que convirtió la militancia y la participación política en motivo de persecución.
Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Acha fueron secuestrados de sus domicilios y permanecen desaparecidos. Emilce Moler, Patricia Miranda, Pablo Díaz y Gustavo Calotti también fueron capturados, pero sobrevivieron y años después pudieron reconstruir parte de lo ocurrido.
Los secuestros fueron ejecutados en los primeros meses de la dictadura iniciada el 24 de marzo de ese año. Participaron efectivos de la Policía de la provincia de Buenos Aires y personal vinculado al Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Los jóvenes fueron trasladados a centros clandestinos de detención, entre ellos Arana y el Pozo de Banfield, donde fueron sometidos a torturas.
Durante años, la historia quedó fuertemente asociada al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario, una reivindicación por la que varios de los jóvenes habían participado en movilizaciones durante 1975. Sin embargo, ese relato requiere una precisión. Emilce Moler, una de las sobrevivientes, explicó que la protesta por el boleto había ocurrido el año anterior y que, durante su cautiverio, los represores no le preguntaron por ese reclamo sino por su militancia política en la UES.
La mayoría de los estudiantes secuestrados tenía militancia política. Algunos pertenecían a la UES, vinculada al peronismo de izquierda, y otros a la Juventud Guevarista, rama juvenil del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Esa actividad política formaba parte de un universo juvenil que la dictadura buscó perseguir y desarticular mediante el terrorismo de Estado.
La secuencia de los secuestros comenzó durante la noche del 16 de septiembre. Falcone, López Muntaner, Ciocchini, Ungaro, Racero y De Acha fueron arrancados de sus casas. Al día siguiente fueron detenidas Moler y Miranda, mientras que Díaz fue secuestrado cuatro días después. Los jóvenes pasaron primero por el centro clandestino de detención de Arana y posteriormente algunos fueron trasladados al Pozo de Banfield.
Los testimonios de los sobrevivientes permitieron conocer las condiciones de cautiverio y las torturas a las que fueron sometidos. Sus relatos también contribuyeron a reconstruir la dimensión de la represión sobre los adolescentes y jóvenes que participaban en organizaciones políticas y estudiantiles.
Con el regreso de la democracia, La Noche de los Lápices se convirtió en un símbolo de la persecución de las juventudes y de la militancia estudiantil durante la dictadura. Desde 2014, además, cada 16 de septiembre se conmemora oficialmente el Día Nacional de la Juventud, establecido por la Ley 27.002.
Medio siglo después, los nombres de Falcone, López Muntaner, Ciocchini, Ungaro, Racero y De Acha siguen ligados a una de las páginas más dolorosas de la historia reciente argentina. Tenían la edad de muchos de los estudiantes que hoy vuelven a las aulas cada septiembre. La fecha recuerda, justamente, que aquellos jóvenes fueron perseguidos no por haber protagonizado un hecho aislado, sino en el marco de una política represiva que convirtió la militancia y la participación política en motivo de persecución.
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