Generales
Washington vuelve a golpear en el Golfo: misiles contra posiciones iraníes
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar en el estrecho de Ormuz. Entre la noche del domingo y las primeras horas del lunes, fuerzas estadounidenses atacaron dos lanzadores perteneci...
Escuchar artículo
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar en el estrecho de Ormuz. Entre la noche del domingo y las primeras horas del lunes, fuerzas estadounidenses atacaron dos lanzadores pertenecientes a la Guardia Revolucionaria iraní en la isla de Larak, en una operación que constituye la primera acción militar de Washington contra objetivos en territorio iraní desde fines de julio.
Un funcionario estadounidense confirmó el ataque a medios internacionales y explicó que los equipos alcanzados estaban siendo preparados para lanzar cohetes destinados a colocar minas navales en el estrecho. Según esa versión, la operación buscó impedir una acción que podría comprometer una de las principales rutas marítimas para el transporte internacional de petróleo.
La Guardia Revolucionaria, por su parte, reconoció el bombardeo y aseguró que dejó muertos y heridos tanto entre sus integrantes como entre civiles. El cuerpo militar no informó una cifra concreta de víctimas, pero calificó el ataque como una "agresión" de Estados Unidos y anticipó que habrá una respuesta.
Las primeras informaciones sobre el episodio habían surgido de medios iraníes, que reportaron explosiones en las inmediaciones de Larak y atribuyeron la acción al empleo de drones.
La isla se encuentra frente a la costa meridional de Irán, en las cercanías del estrecho de Ormuz, un corredor marítimo de importancia estratégica que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán. Por esa vía circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que cualquier amenaza sobre la navegación puede repercutir de manera inmediata sobre los mercados energéticos.
Washington había advertido previamente que respondería si Irán intentaba desplegar nuevas minas navales en el estrecho. La utilización de esos artefactos representa una amenaza particularmente sensible para el tránsito de buques comerciales y podría obligar a modificar las rutas de navegación.
El episodio abre así un nuevo frente de tensión en una zona que ya atraviesa una creciente militarización. Para Estados Unidos, el objetivo declarado de la operación fue neutralizar una capacidad que podía poner en riesgo la circulación marítima. Para Teherán, en cambio, se trató de una agresión que tendrá consecuencias.
La Guardia Revolucionaria responsabilizó directamente a Washington por los efectos del ataque y prometió represalias, aunque por el momento no dio detalles sobre las características ni sobre el momento de una eventual respuesta.
La incertidumbre se extiende ahora más allá del plano militar. Cualquier interrupción o amenaza concreta sobre el estrecho de Ormuz puede impactar en el precio internacional del petróleo y en el transporte marítimo, debido al volumen de crudo y derivados que atraviesa diariamente ese corredor estratégico.
Un funcionario estadounidense confirmó el ataque a medios internacionales y explicó que los equipos alcanzados estaban siendo preparados para lanzar cohetes destinados a colocar minas navales en el estrecho. Según esa versión, la operación buscó impedir una acción que podría comprometer una de las principales rutas marítimas para el transporte internacional de petróleo.
La Guardia Revolucionaria, por su parte, reconoció el bombardeo y aseguró que dejó muertos y heridos tanto entre sus integrantes como entre civiles. El cuerpo militar no informó una cifra concreta de víctimas, pero calificó el ataque como una "agresión" de Estados Unidos y anticipó que habrá una respuesta.
Las primeras informaciones sobre el episodio habían surgido de medios iraníes, que reportaron explosiones en las inmediaciones de Larak y atribuyeron la acción al empleo de drones.
La isla se encuentra frente a la costa meridional de Irán, en las cercanías del estrecho de Ormuz, un corredor marítimo de importancia estratégica que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán. Por esa vía circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que cualquier amenaza sobre la navegación puede repercutir de manera inmediata sobre los mercados energéticos.
Washington había advertido previamente que respondería si Irán intentaba desplegar nuevas minas navales en el estrecho. La utilización de esos artefactos representa una amenaza particularmente sensible para el tránsito de buques comerciales y podría obligar a modificar las rutas de navegación.
El episodio abre así un nuevo frente de tensión en una zona que ya atraviesa una creciente militarización. Para Estados Unidos, el objetivo declarado de la operación fue neutralizar una capacidad que podía poner en riesgo la circulación marítima. Para Teherán, en cambio, se trató de una agresión que tendrá consecuencias.
La Guardia Revolucionaria responsabilizó directamente a Washington por los efectos del ataque y prometió represalias, aunque por el momento no dio detalles sobre las características ni sobre el momento de una eventual respuesta.
La incertidumbre se extiende ahora más allá del plano militar. Cualquier interrupción o amenaza concreta sobre el estrecho de Ormuz puede impactar en el precio internacional del petróleo y en el transporte marítimo, debido al volumen de crudo y derivados que atraviesa diariamente ese corredor estratégico.
Comentarios
Deja tu comentario