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La confirmación llegó casi como al pasar, aunque el dato difícilmente admita ese tratamiento: los suicidios dentro de las fuerzas de seguridad federales aumentaron un 30 por ciento durante 2025. La ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, reconoció el incremento en una entrevista radial, pero rápidamente se encargó de ubicarlo dentro de un fenómeno más amplio: el aumento de los suicidios en la sociedad argentina.

“Sí, por supuesto que sí, se incrementaron los suicidios en la fuerza en el año 2025, hubo un 30 por ciento más que en 2024”, admitió la funcionaria. Y enseguida agregó: “Pero les cuento algo, se incrementaron los suicidios en el país, y las fuerzas federales no escapan a esa realidad”.

Una respuesta que llamó la atención no tanto por lo que confirmó como por la manera de ponerlo en contexto. Porque, si un problema aumenta dentro de un colectivo profesional especialmente expuesto a situaciones traumáticas, estrés operativo y acceso permanente a armas de fuego, señalar que también ocurre fuera de ese colectivo difícilmente alcance como explicación.

La propia ministra aportó una comparación histórica para relativizar el fenómeno. “Hace diez años, en 2016, tengo esos datos muy claros porque era la directora nacional de Estadísticas Criminales, ocurrían 2.300 suicidios por año, y hoy estamos en 5.300”, señaló.

Los registros oficiales no coinciden exactamente con esa cifra para 2016: ese año se contabilizaron 2.897 suicidios, con una tasa de 7,3 casos cada 100 mil habitantes. Para 2025, en tanto, un informe del Observatorio de Política Criminal ubicó la cifra en 5.209 casos, la tasa más alta registrada en la historia del país: 11,8 cada 100 mil habitantes.

Es decir, el problema general que mencionó Monteoliva existe. Y es grave. Pero justamente por eso resulta difícil entender por qué el dato específico de las fuerzas de seguridad debería dejar de ser relevante.


“RESPONDE A DISTINTOS MOTIVOS”

Consultada sobre si el aumento podía estar relacionado con la crisis económica y los bajos salarios que atraviesan los uniformados, la ministra respondió que el fenómeno “responde a distintos motivos” y aseguró que el gobierno “ha intensificado el acompañamiento”.

No hubo, al menos en sus declaraciones, precisiones sobre nuevos protocolos de prevención, dispositivos especializados de atención psicológica, mecanismos de detección temprana o medidas estructurales destinadas específicamente a los integrantes de las fuerzas.

En cambio, Monteoliva destacó entre las herramientas de acompañamiento la intervención de las capellanías católicas y evangélicas, a las que presentó como espacios de “escucha directa” para agentes que atraviesan situaciones de crisis.

La referencia religiosa como una de las respuestas frente a un incremento del 30 por ciento de suicidios entre uniformados generó cuestionamientos, precisamente porque deja en segundo plano la discusión sobre políticas profesionales y permanentes de salud mental dentro de las fuerzas.


NADA NUEVO

Ya en mayo, Rosario Plus publicó que en la Legislatura provincial se había presentado un pedido de informes para conocer la situación de la salud mental de los policías santafesinos. La iniciativa, impulsada por el diputado Miguel Rabbia y acompañada por Natalia Armas Belavi, reclamó información oficial sobre suicidios, intentos de suicidio, ideación suicida y conductas autolesivas dentro de la fuerza entre 2023 y 2026.

El pedido también exigía conocer qué programas y dispositivos existen para el acompañamiento psicológico y la asistencia en salud mental de los agentes, además de las políticas destinadas a prevenir estrés laboral, agotamiento psíquico, consumo problemático y las consecuencias de situaciones traumáticas vinculadas con el servicio.

El debate volvió a quedar expuesto tras el suicidio del suboficial Oscar “Chimi” Valdez, quien se quitó la vida con su arma reglamentaria en la Jefatura de la Unidad Regional II de Rosario a comienzos de este año.


UN PROBLEMA QUE CRECE

Dos semanas atrás, además, RosarioPlus publicó un informe del Observatorio de Política Criminal que puso números a la dimensión nacional del fenómeno. En 2025 se registraron 5.209 suicidios, una tasa de 11,8 cada 100 mil habitantes, casi cuatro veces superior a la tasa de homicidios dolosos, que fue de 3,6.

El crecimiento tampoco fue marginal. En 2017 se habían registrado 3.304 suicidios. Ocho años después fueron 5.209: un aumento del 57,7 por ciento.

El suicidio, además, ya constituye la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 34 años, de acuerdo con ese informe.