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Javier Milei volvió a convertir su rechazo al aborto legal en una bandera de confrontación política. Durante su discurso ante el Council of the Americas este jueves, el Presidente no se limitó a cuestionar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo: responsabilizó a quienes la impulsaron por los problemas demográficos del país y utilizó una retórica que vuelve a colocar la descalificación y la provocación en el centro de la escena.

El jefe de Estado prologó así lo que este viernes será su visita a Rosario, para asistir al aniversario de la Bolsa de Comercio, en un acto previsto para las 19, en la sede de Paraguay al 700.

“Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, afirmó Milei, en referencia al movimiento que durante años reclamó la legalización del aborto. Poco después fue todavía más lejos al sostener que “esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre” está generando consecuencias negativas para el crecimiento económico y el sistema previsional.

La definición presidencial no fue un comentario aislado. Formó parte de un razonamiento mediante el cual Milei intentó vincular la disminución de los nacimientos con la vigencia de la ley de aborto, aprobada en diciembre de 2020. El problema es que esa explicación choca con la propia evolución de los indicadores demográficos: los datos oficiales muestran que la natalidad argentina viene cayendo desde 2014, seis años antes de la sanción de la norma.

"Está perjudicándose la reposición", dijo Milei en alusión a la tasa de natalidad, como si las personas fueran mercadería.


PROVOCACIÓN

El rechazo al aborto puede formar parte del debate democrático y Milei tiene derecho a expresar su posición contraria a la interrupción voluntaria del embarazo. La cuestión es otra: el modo elegido por el Presidente para hacerlo.

Hablar de “asesinar niños” para referirse al aborto legal no sólo expresa una posición ideológica. También coloca a millones de personas que respaldaron la legislación –y a quienes recurren a ella dentro del marco legal– bajo una acusación moral extrema.

La referencia a “los pañuelitos verdes” como una “locura” agrega otro componente: transforma a un movimiento social y político que protagonizó una de las discusiones públicas más importantes de las últimas décadas en el blanco de una descalificación presidencial.

No se trata, entonces, de una diferencia más dentro del debate político. Es una retórica que busca marcar una frontera entre quienes Milei considera parte de su proyecto y quienes ubica del otro lado, incluso cuando se trata de una política pública aprobada por el Congreso y vigente en el país.


NO RESISTE LOS DATOS

El Presidente intentó además convertir el aborto en una variable central de la crisis demográfica argentina. Su argumento es que la baja cantidad de nacimientos afecta la disponibilidad futura de trabajadores y, por lo tanto, la sustentabilidad del sistema previsional.

Pero la cronología de los datos oficiales resulta incómoda para esa explicación. La cantidad de nacimientos comenzó a descender sostenidamente en 2014, mientras que la Ley 27.610 fue sancionada a fines de 2020. Es decir, la caída demográfica precedió ampliamente a la legalización del aborto, según expuso el portal Chequeado.com.

La discusión sobre la natalidad es, por supuesto, mucho más amplia. Incluye condiciones económicas, posibilidades de acceso a la vivienda, empleo, cuidados y decisiones personales sobre la maternidad y la paternidad. Reducir ese fenómeno complejo a una sola causa permite construir un adversario político, pero no explica el problema.