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La Argentina tiene un sistema tributario que cobra proporcionalmente más a quienes menos tienen. Esa es una de las principales conclusiones de un análisis de Argendata, la plataforma de datos de la Fundación Fundar, elaborado por los investigadores Guido Zack y Emiliano Libman. El trabajo muestra que el 10% de los hogares de menores ingresos destina más del 35% de lo que percibe al pago de impuestos, mientras que en el extremo opuesto, el 10% más rico paga menos del 25% de sus ingresos.

La diferencia no significa que los sectores de mayores ingresos paguen nominalmente menos dinero al fisco. Lo que mide el estudio es cuánto representa la carga tributaria sobre los ingresos de cada grupo. Y en esa comparación el sistema argentino resulta regresivo: la proporción de recursos que se lleva el Estado es mayor entre quienes tienen menos capacidad económica.

La explicación principal está en la estructura de los impuestos. Argentina depende en una medida considerable de los tributos indirectos, aquellos que gravan el consumo, las ventas o las transacciones, en lugar de concentrar la recaudación en impuestos directamente vinculados con los ingresos o el patrimonio.

El IVA ocupa un lugar central. Es el impuesto que más recauda y representa cerca de una cuarta parte de los ingresos tributarios totales. Aunque formalmente son las empresas las que lo ingresan al fisco, una parte sustancial de su costo termina incorporada al precio de los bienes y servicios y es afrontada por los consumidores.



El problema distributivo aparece porque los hogares de menores ingresos destinan una proporción mucho mayor de sus recursos al consumo. Quienes tienen ingresos elevados, en cambio, pueden ahorrar o invertir una parte de ellos y, por lo tanto, esa porción no queda inmediatamente alcanzada por los impuestos al consumo.

El propio estudio plantea un ejemplo sencillo: si una familia de bajos ingresos gasta todo lo que gana y enfrenta una alícuota de IVA del 21 por ciento, terminará destinando una proporción equivalente de sus ingresos a ese impuesto, siempre bajo el supuesto de que todo el consumo se realiza en el circuito formal. Una familia de mayores ingresos que consume solamente la mitad de lo que gana tendrá, en cambio, una carga efectiva de IVA equivalente al 10,5 por ciento de sus ingresos.

A ese efecto se suma el impuesto sobre los Ingresos Brutos, que recaudan las provincias y que tiene un carácter particularmente distorsivo porque se aplica sobre las ventas en las distintas etapas de la cadena productiva. Según Fundar, este tributo en cascada constituye uno de los rasgos particulares del sistema argentino frente a otros países.




MENOS CAPACIDAD REDISTRIBUTIVA

El análisis de Zack y Libman encuentra que no todos los impuestos tienen el mismo comportamiento. El IVA, Ingresos Brutos y otros tributos indirectos son regresivos, mientras que los impuestos sobre los ingresos –como Ganancias– son progresivos y compensan parcialmente ese efecto.

De hecho, el impuesto a las Ganancias es uno de los pocos componentes que hace que la carga tributaria aumente en los sectores superiores de la distribución. Por eso, según los investigadores, el décimo decil paga proporcionalmente algo más que el noveno, aunque permanece por debajo de la carga soportada por los sectores de menores ingresos.

Las contribuciones a la seguridad social presentan un comportamiento mixto. Son progresivas hasta determinados niveles de ingreso, pero luego pierden ese efecto debido a los topes nominales sobre los aportes. De ese modo, en los niveles más elevados de ingresos pueden representar una proporción menor que en sectores de ingresos medios o bajos.

El resultado general es que la estructura tributaria termina empeorando la distribución del ingreso. El estudio calcula que el coeficiente de Gini –un indicador de desigualdad en el que un número mayor representa una distribución más desigual– pasa de 0,484 antes del pago de impuestos directos e indirectos a 0,493 después de computarlos.

La intervención del Estado, sin embargo, no termina con la recaudación. Cuando se incorpora el gasto público, el resultado distributivo cambia sustancialmente. Fundar señala que el gasto estatal reduce de manera importante la desigualdad en la Argentina, fundamentalmente por su magnitud y por el impacto de prestaciones y servicios públicos.


PRESIÓN TRIBUTARIA: 27,6% DEL PIB

El estudio también pone en contexto la discusión sobre cuánto se recauda. La presión tributaria consolidada argentina alcanzó el 27,6 por ciento del Producto Bruto Interno en 2024. Es un nivel superior al promedio de América Latina y el Caribe, de 21,7 por ciento, aunque inferior al promedio de los países de la OCDE, que llegó al 34,1 por ciento.

Argentina aparece así como el segundo país latinoamericano con mayor presión tributaria, detrás de Brasil. Pero Fundar advierte que la comparación con el PIB puede subestimar la carga efectiva que soporta el sector formal debido al peso de la economía informal.

Si se descuenta del producto la actividad informal y las ramas que no tributan, la presión sobre el sector formal había alcanzado el 42,4 por ciento en 2021, según una estimación previa de la propia Fundación.

El problema, entonces, no sería únicamente cuánto recauda el Estado, sino también quién sostiene esa recaudación.


MENOS IMPUESTOS INDIRECTOS Y MÁS PROGRESIVIDAD

Para los investigadores, una reforma que busque hacer más progresivo el sistema debería aumentar el peso de los impuestos directos y reducir la dependencia de los indirectos. Eso supone fortalecer la tributación sobre ingresos y patrimonios y, al mismo tiempo, disminuir el peso relativo de aquellos gravámenes que afectan en mayor proporción a quienes destinan casi todo lo que ganan al consumo.

El trabajo también señala que la evasión constituye un problema central. En el caso del IVA, la evasión alcanza el 43,7 por ciento de la recaudación potencial. Para el impuesto a la renta empresarial, la eficiencia recaudatoria apenas supera el 27 por ciento y la mayor parte de la pérdida se explica también por evasión.

En ese escenario, la discusión sobre una eventual reducción de impuestos convive con otra pregunta: cómo lograr que la carga existente se distribuya de acuerdo con la capacidad contributiva de cada sector.

La conclusión de Argendata es contundente: el sistema tributario argentino, considerado por sí solo, es regresivo. El 10 por ciento más pobre paga más del 35 por ciento de sus ingresos en impuestos, mientras el 10 por ciento más rico paga menos del 25 por ciento. Para Fundar, modificar esa relación requiere desplazar el eje de la recaudación desde los impuestos indirectos hacia aquellos que gravan de manera más directa los ingresos y la riqueza.