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Israel vuelve a las urnas tras casi tres años de guerra
Casi tres años después del ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, Israel volverá a votar en una elección nacional que funcionará como un balance político de la guerra. El 27 de octubre, el el...
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Casi tres años después del ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, Israel volverá a votar en una elección nacional que funcionará como un balance político de la guerra. El 27 de octubre, el electorado no solo definirá si Benjamin Netanyahu continúa al frente del gobierno, sino que también deberá evaluar el rumbo adoptado desde aquel ataque, que desencadenó la ofensiva sobre Gaza y posteriores enfrentamientos con Hezbollah e Irán.
Netanyahu llega a la contienda con un escenario complejo. La guerra le permitió recuperar parte del terreno político perdido, pero el ataque de Hamas también expuso las fallas de su doctrina de seguridad. Frente a él aparece Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y referente de Yashar, una fuerza de centro que cuestiona el liderazgo del primer ministro, aunque mantiene una posición firme en materia de seguridad. Las encuestas muestran una disputa abierta entre Yashar y el Likud, mientras otras fuerzas, como la derecha secular de Naftali Bennett, buscan ganar espacio.
La elección, sin embargo, no plantea una división sencilla entre derecha e izquierda. La derecha continúa ocupando el centro de gravedad de la política israelí y buena parte de sus adversarios también defienden una política de seguridad dura. La principal discusión pasa por el liderazgo del país, el alcance de la política territorial y el vínculo con los palestinos. En ese escenario, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich representan al sector más radical de la coalición y buscan aprovechar la guerra para profundizar el control sobre los territorios palestinos y bloquear cualquier posibilidad de creación de un Estado.
La posición de esos aliados también condiciona a Netanyahu frente a Washington. Mientras Donald Trump busca avanzar hacia el final de la guerra en Gaza mediante un esquema que contempla el desarme de Hamas, una fuerza internacional de estabilización y una retirada progresiva de las tropas israelíes, Netanyahu sostiene que no habrá retirada hasta que Hamas sea completamente desarmado. Ben-Gvir y Smotrich, por su parte, consideran que una retirada implicaría perder una oportunidad para avanzar sobre el territorio. Esa tensión reduce el margen de maniobra del primer ministro y puede convertirse en uno de los ejes de la campaña.
Mientras tanto, la situación humanitaria en Gaza continúa deteriorándose, con millones de personas afectadas por la inseguridad alimentaria, la falta de agua y la destrucción de infraestructura. En Cisjordania, el avance de los asentamientos y la violencia de los colonos generan otro foco de tensión. El proyecto E1, que contempla más de 3.400 viviendas al este de Jerusalén, es considerado una amenaza para la continuidad territorial de Cisjordania y para la posibilidad de una solución de dos Estados. La expansión territorial podría consolidar una anexión de hecho aun sin una declaración formal.
La confrontación con Irán completa el escenario de seguridad que Netanyahu llevará a las urnas. Israel puede golpear las capacidades militares y nucleares iraníes, pero la superioridad militar no garantiza una solución definitiva al conflicto. Estados Unidos continúa siendo el principal sostén estratégico de Israel, aunque Trump busca transformar los resultados militares en acuerdos y cerrar los frentes abiertos. El 27 de octubre, después de casi tres años de guerra, los israelíes deberán decidir si respaldan ese rumbo y qué lugar ocuparán Netanyahu, la derecha nacionalista y la cuestión palestina en la nueva etapa.
Netanyahu llega a la contienda con un escenario complejo. La guerra le permitió recuperar parte del terreno político perdido, pero el ataque de Hamas también expuso las fallas de su doctrina de seguridad. Frente a él aparece Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y referente de Yashar, una fuerza de centro que cuestiona el liderazgo del primer ministro, aunque mantiene una posición firme en materia de seguridad. Las encuestas muestran una disputa abierta entre Yashar y el Likud, mientras otras fuerzas, como la derecha secular de Naftali Bennett, buscan ganar espacio.
La elección, sin embargo, no plantea una división sencilla entre derecha e izquierda. La derecha continúa ocupando el centro de gravedad de la política israelí y buena parte de sus adversarios también defienden una política de seguridad dura. La principal discusión pasa por el liderazgo del país, el alcance de la política territorial y el vínculo con los palestinos. En ese escenario, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich representan al sector más radical de la coalición y buscan aprovechar la guerra para profundizar el control sobre los territorios palestinos y bloquear cualquier posibilidad de creación de un Estado.
La posición de esos aliados también condiciona a Netanyahu frente a Washington. Mientras Donald Trump busca avanzar hacia el final de la guerra en Gaza mediante un esquema que contempla el desarme de Hamas, una fuerza internacional de estabilización y una retirada progresiva de las tropas israelíes, Netanyahu sostiene que no habrá retirada hasta que Hamas sea completamente desarmado. Ben-Gvir y Smotrich, por su parte, consideran que una retirada implicaría perder una oportunidad para avanzar sobre el territorio. Esa tensión reduce el margen de maniobra del primer ministro y puede convertirse en uno de los ejes de la campaña.
Mientras tanto, la situación humanitaria en Gaza continúa deteriorándose, con millones de personas afectadas por la inseguridad alimentaria, la falta de agua y la destrucción de infraestructura. En Cisjordania, el avance de los asentamientos y la violencia de los colonos generan otro foco de tensión. El proyecto E1, que contempla más de 3.400 viviendas al este de Jerusalén, es considerado una amenaza para la continuidad territorial de Cisjordania y para la posibilidad de una solución de dos Estados. La expansión territorial podría consolidar una anexión de hecho aun sin una declaración formal.
La confrontación con Irán completa el escenario de seguridad que Netanyahu llevará a las urnas. Israel puede golpear las capacidades militares y nucleares iraníes, pero la superioridad militar no garantiza una solución definitiva al conflicto. Estados Unidos continúa siendo el principal sostén estratégico de Israel, aunque Trump busca transformar los resultados militares en acuerdos y cerrar los frentes abiertos. El 27 de octubre, después de casi tres años de guerra, los israelíes deberán decidir si respaldan ese rumbo y qué lugar ocuparán Netanyahu, la derecha nacionalista y la cuestión palestina en la nueva etapa.
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