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A 13 años de Salta 2141: la herida que Rosario no cierra
El martes 6 de agosto de 2013, a las 9.38 de la mañana, Rosario quedó atravesada por una tragedia que aún hoy resuena en su memoria colectiva. Una explosión provocada por una fuga de gas derrumbó...
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El martes 6 de agosto de 2013, a las 9.38 de la mañana, Rosario quedó atravesada por una tragedia que aún hoy resuena en su memoria colectiva. Una explosión provocada por una fuga de gas derrumbó el cuerpo central de la torre ubicada en Salta 2141, entre Oroño y Balcarce, y causó la muerte de 22 personas, además de dejar 62 heridos y más de un millar de viviendas afectadas. Fue la mayor catástrofe urbana de la historia de la ciudad.
La secuencia comenzó minutos antes, cuando un gasista matriculado y su ayudante intentaban reemplazar un regulador de gas en el edificio. Vecinos habían advertido un intenso olor a gas y realizaron llamados de emergencia a la empresa Litoral Gas. Según quedó acreditado durante la investigación judicial, la manipulación del regulador provocó una fuga masiva. El combustible comenzó a acumularse hasta que, a las 9.38, una chispa –acaso, generada por la activación del motor eléctrico de los ascensores– desató una explosión de una violencia devastadora. El edificio colapsó sobre sí mismo y la onda expansiva destruyó fachadas, vidrieras y departamentos de toda la manzana y la de enfrente.
Las imágenes recorrieron el país: montañas de escombros, vecinos buscando desesperadamente a sus familiares, rescatistas trabajando durante días sin descanso y una ciudad entera movilizada por la solidaridad. Las tareas de búsqueda se extendieron hasta el 12 de agosto, cuando fue hallada la última de las personas desaparecidas. En total, 1.079 viviendas resultaron afectadas y 204 quedaron inhabitables.
La tragedia puso bajo la lupa los controles sobre las instalaciones domiciliarias de gas, los protocolos de emergencia y las responsabilidades de todos los actores involucrados. La investigación derivó en un juicio oral que comenzó varios años después y tuvo once imputados entre gasistas, personal de la distribuidora y administradores del consorcio.
El fallo, dictado en 2019 y luego confirmado por instancias superiores, condenó únicamente al gasista Carlos García a cuatro años de prisión por el delito de estrago culposo agravado por la muerte de personas. Los otros diez acusados fueron absueltos. Esa resolución fue cuestionada por familiares de las víctimas, quienes sostuvieron que existió una cadena de negligencias que nunca fue plenamente sancionada. Y que el hilo se cortó por lo más delgado.
Desde entonces, cada aniversario reúne a sobrevivientes, familiares y vecinos para mantener vivo el recuerdo de quienes murieron aquella mañana. El reclamo de justicia continúa siendo una consigna central, junto con la exigencia de que una tragedia semejante no vuelva a repetirse.
En el terreno donde se levantaban las torres destruidas funciona hoy el Memorial Salta 2141, un espacio cultural y educativo de la memoria y la música inaugurado para preservar el recuerdo de las víctimas y transmitir a las nuevas generaciones el significado de aquella jornada que cambió para siempre la historia de Rosario.
Trece años después, Salta 2141 sigue siendo mucho más que una dirección. Es el símbolo de una ciudad que aprendió de la manera más dolorosa el costo que puede tener una cadena de errores, controles insuficientes y decisiones equivocadas. Y es también un recordatorio permanente de las 22 vidas que quedaron bajo los escombros aquella fría mañana de invierno, una herida que el paso del tiempo todavía no logra cerrar.
La secuencia comenzó minutos antes, cuando un gasista matriculado y su ayudante intentaban reemplazar un regulador de gas en el edificio. Vecinos habían advertido un intenso olor a gas y realizaron llamados de emergencia a la empresa Litoral Gas. Según quedó acreditado durante la investigación judicial, la manipulación del regulador provocó una fuga masiva. El combustible comenzó a acumularse hasta que, a las 9.38, una chispa –acaso, generada por la activación del motor eléctrico de los ascensores– desató una explosión de una violencia devastadora. El edificio colapsó sobre sí mismo y la onda expansiva destruyó fachadas, vidrieras y departamentos de toda la manzana y la de enfrente.
Las imágenes recorrieron el país: montañas de escombros, vecinos buscando desesperadamente a sus familiares, rescatistas trabajando durante días sin descanso y una ciudad entera movilizada por la solidaridad. Las tareas de búsqueda se extendieron hasta el 12 de agosto, cuando fue hallada la última de las personas desaparecidas. En total, 1.079 viviendas resultaron afectadas y 204 quedaron inhabitables.
La tragedia puso bajo la lupa los controles sobre las instalaciones domiciliarias de gas, los protocolos de emergencia y las responsabilidades de todos los actores involucrados. La investigación derivó en un juicio oral que comenzó varios años después y tuvo once imputados entre gasistas, personal de la distribuidora y administradores del consorcio.
El fallo, dictado en 2019 y luego confirmado por instancias superiores, condenó únicamente al gasista Carlos García a cuatro años de prisión por el delito de estrago culposo agravado por la muerte de personas. Los otros diez acusados fueron absueltos. Esa resolución fue cuestionada por familiares de las víctimas, quienes sostuvieron que existió una cadena de negligencias que nunca fue plenamente sancionada. Y que el hilo se cortó por lo más delgado.
Desde entonces, cada aniversario reúne a sobrevivientes, familiares y vecinos para mantener vivo el recuerdo de quienes murieron aquella mañana. El reclamo de justicia continúa siendo una consigna central, junto con la exigencia de que una tragedia semejante no vuelva a repetirse.
En el terreno donde se levantaban las torres destruidas funciona hoy el Memorial Salta 2141, un espacio cultural y educativo de la memoria y la música inaugurado para preservar el recuerdo de las víctimas y transmitir a las nuevas generaciones el significado de aquella jornada que cambió para siempre la historia de Rosario.
Trece años después, Salta 2141 sigue siendo mucho más que una dirección. Es el símbolo de una ciudad que aprendió de la manera más dolorosa el costo que puede tener una cadena de errores, controles insuficientes y decisiones equivocadas. Y es también un recordatorio permanente de las 22 vidas que quedaron bajo los escombros aquella fría mañana de invierno, una herida que el paso del tiempo todavía no logra cerrar.
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