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Después de la histórica victoria de Noruega por 2 a 1 sobre Brasil, que selló el pase a los cuartos de final, Erling Haaland protagonizó un festejo que rápidamente dio la vuelta al mundo.

Cumplida la eliminación del Scratch, el goleador tomó un enorme tambor ubicado frente a una de las cabeceras del estadio y comenzó a marcar el ritmo del tradicional "Viking Clap", el ritual con el que los hinchas noruegos celebran sus grandes gestas deportivas.

Miles de fanáticos respondieron al unísono con aplausos sincronizados y un estruendoso grito de guerra, mientras Haaland, convertido en una suerte de maestro de ceremonias, dirigía la celebración desde el césped, delante de sus compañeros de plantel, también en el mismo trance. El momento fue registrado por decenas de cámaras y teléfonos celulares y, en cuestión de minutos, inundó las redes sociales.

La escena recordó al emblemático festejo popularizado por Islandia en la Eurocopa de 2016, aunque esta vez tuvo como protagonista a la selección noruega y a una de las máximas figuras del fútbol mundial.

La clasificación adquirió además un valor especial por la magnitud del rival. Noruega dejó en el camino a Brasil, cinco veces campeón del mundo, y se metió entre los ocho mejores del torneo, alimentando el sueño de protagonizar la mayor campaña de su historia en una Copa del Mundo.

Pero, más allá del resultado, la postal que quedó grabada fue otra: Haaland dejando de lado por unos minutos su papel de goleador para convertirse en el director de una ceremonia vikinga que hizo vibrar a todo un estadio y terminó transformándose en uno de los videos virales del campeonato.