Generales
El hombre que pasó 52 años entre los muelles del puerto rosarino
Hay trabajadores cuya historia personal se confunde con la historia de la institución a la que dedicaron toda una vida. Ese es el caso de Norberto Maggione, un rosarino que ingresó al Puerto de Rosa...
Escuchar artículo
Hay trabajadores cuya historia personal se confunde con la historia de la institución a la que dedicaron toda una vida. Ese es el caso de Norberto Maggione, un rosarino que ingresó al Puerto de Rosario el 4 de diciembre de 1973, cuando tenía apenas 19 años, y que 52 años después cerró su etapa laboral para comenzar la jubilación.
Su recorrido atravesó uno de los períodos de mayor transformación de la actividad portuaria argentina: desde la época de la Junta Nacional de Granos hasta la privatización de las terminales en la década de 1990. Siempre ligado a la carga y descarga de cereales, desarrolló la mayor parte de su carrera como balancero, una tarea clave para el control de camiones, vagones y embarques.
El homenaje a su trayectoria reunió en la sede de la Asociación del Personal de la Junta Nacional de Granos (APJNG) a dirigentes sindicales, compañeros de trabajo y a su familia. Entre ellos estuvieron el secretario general del gremio, Pedro Gozzi; el secretario adjunto, Damián García; el tesorero, Horacio Faur; el secretario gremial, Joaquín Tillieria, y su hija Antonela Maggione, quien también trabajó en Servicios Portuarios y actualmente integra la organización sindical.
UNA HISTORIA FAMILIAR LIGADA AL PUERTO
La relación de Norberto con el puerto comenzó incluso antes de su primer día de trabajo. Su padre, su tío y su hermano también habían sido empleados de la Junta Nacional de Granos.
"El 4 de diciembre de 1973 empecé a trabajar en el puerto. Vengo de una familia rosarina; siempre vivimos en la zona sur, a pocas cuadras de los silos de la Junta Nacional de Granos. Mi papá fue quien me llevó por primera vez. Después pasé por todas las unidades portuarias. También trabajaron acá mi padre, mi tío y mi hermano", recordó durante una entrevista.
Sus primeros pasos fueron en la planta de silos subterráneos ubicada en Uriburu y Grandoli, a apenas cuatro cuadras de la casa donde nació y donde todavía vive.
"Empecé haciendo distintas tareas. Después me tocó organizar la descarga de camiones y, en 1976, pasé a desempeñarme como balancero, una función que ya no abandoné hasta el último día de trabajo", contó.
La muerte de su padre, cuando él apenas tenía 20 años, lo convirtió tempranamente en sostén económico de la familia. El trabajo en el puerto dejó de ser solamente un empleo para transformarse en una responsabilidad y en un proyecto de vida.
EL PUERTO DE OTRA ÉPOCA
Cuando Norberto ingresó, la actividad era muy distinta a la actual. El Puerto de Rosario funcionaba con varias terminales distribuidas a lo largo de la ribera y el ritmo de trabajo estaba marcado por las exigencias del comercio cerealero.
Recordó especialmente las terminales de Callao al fondo y la de Oroño —donde hoy funciona el Museo Macro—, en las que trabajó durante las décadas de 1970 y 1980.
"Había dos turnos: uno de seis de la mañana a tres de la tarde y otro de tres de la tarde hasta la medianoche. Una semana hacíamos uno y la siguiente cambiábamos. Pero cuando había que cargar un barco no existía horario. Entrábamos y nos quedábamos hasta terminar. A veces eran treinta horas seguidas para completar un embarque de treinta o cuarenta mil toneladas", evocó.
Ese esfuerzo, asegura, era parte de una cultura del trabajo que todavía permanece entre quienes siguen desempeñándose en la actividad portuaria.
DEL ESTADO A LA PRIVATIZACIÓN
La historia laboral de Maggione también refleja los cambios estructurales que atravesó el sistema portuario argentino.
La Junta Nacional de Granos, creada en 1933, comenzó a perder protagonismo durante la década de 1980, en un proceso que culminó con su disolución durante la presidencia de Carlos Menem y la posterior privatización de las terminales portuarias.
En Rosario, el cambio definitivo llegó en 1994, cuando Servicios Portuarios asumió la concesión de las terminales 6 y 7.
Norberto fue uno de los trabajadores que permanecieron en actividad.
"Cuando llegó la privatización informé al gremio que quería seguir trabajando. Nunca dudé en quedarme", recordó.
El secretario general de la APJNG, Pedro Gozzi, dimensionó el impacto que tuvo ese proceso.
"Cuando se pasó del Estado a la empresa privada, de unos 400 trabajadores quedaron apenas 50. El resto fue despedido o aceptó el retiro voluntario", señaló.
Desde entonces, Maggione continuó desempeñándose como balancero en las terminales ubicadas sobre Ayolas y el río, donde concluyó su carrera este año.
TRABAJO, FAMILIA Y GRATITUD
En el plano personal, Norberto se casó a los 34 años y tuvo dos hijas. Una de ellas, Antonela, siguió de alguna manera sus pasos al incorporarse a Servicios Portuarios y luego al sindicato.
Después de más de medio siglo de trabajo, asegura que el mayor patrimonio que le dejó el puerto fueron los vínculos construidos.
"Soy un agradecido de la vida. Pude trabajar, crecer personal y profesionalmente y hacer muchísimos amigos. Muchos ya no están, pero siguen presentes en mis recuerdos", afirmó.
Su historia está profundamente ligada a la evolución del Puerto de Rosario. Vivió la época de la Junta Nacional de Granos, atravesó la privatización, conoció los cambios tecnológicos y acompañó el crecimiento de una actividad estratégica para la economía del país.
Al mirar hacia atrás, resume más de cinco décadas de trabajo con una frase sencilla, pero cargada de significado:
"Participé de todo el proceso. Viví experiencias que nunca voy a olvidar."
Con su jubilación concluye una extensa trayectoria laboral, pero queda el testimonio de un hombre cuya vida transcurrió entre su barrio de la zona sur y los muelles del puerto, dos lugares que marcaron definitivamente su identidad.
(Fuente: Daniel Aristizábal)
Su recorrido atravesó uno de los períodos de mayor transformación de la actividad portuaria argentina: desde la época de la Junta Nacional de Granos hasta la privatización de las terminales en la década de 1990. Siempre ligado a la carga y descarga de cereales, desarrolló la mayor parte de su carrera como balancero, una tarea clave para el control de camiones, vagones y embarques.
El homenaje a su trayectoria reunió en la sede de la Asociación del Personal de la Junta Nacional de Granos (APJNG) a dirigentes sindicales, compañeros de trabajo y a su familia. Entre ellos estuvieron el secretario general del gremio, Pedro Gozzi; el secretario adjunto, Damián García; el tesorero, Horacio Faur; el secretario gremial, Joaquín Tillieria, y su hija Antonela Maggione, quien también trabajó en Servicios Portuarios y actualmente integra la organización sindical.
UNA HISTORIA FAMILIAR LIGADA AL PUERTO
La relación de Norberto con el puerto comenzó incluso antes de su primer día de trabajo. Su padre, su tío y su hermano también habían sido empleados de la Junta Nacional de Granos.
"El 4 de diciembre de 1973 empecé a trabajar en el puerto. Vengo de una familia rosarina; siempre vivimos en la zona sur, a pocas cuadras de los silos de la Junta Nacional de Granos. Mi papá fue quien me llevó por primera vez. Después pasé por todas las unidades portuarias. También trabajaron acá mi padre, mi tío y mi hermano", recordó durante una entrevista.
Sus primeros pasos fueron en la planta de silos subterráneos ubicada en Uriburu y Grandoli, a apenas cuatro cuadras de la casa donde nació y donde todavía vive.
"Empecé haciendo distintas tareas. Después me tocó organizar la descarga de camiones y, en 1976, pasé a desempeñarme como balancero, una función que ya no abandoné hasta el último día de trabajo", contó.
La muerte de su padre, cuando él apenas tenía 20 años, lo convirtió tempranamente en sostén económico de la familia. El trabajo en el puerto dejó de ser solamente un empleo para transformarse en una responsabilidad y en un proyecto de vida.
EL PUERTO DE OTRA ÉPOCA
Cuando Norberto ingresó, la actividad era muy distinta a la actual. El Puerto de Rosario funcionaba con varias terminales distribuidas a lo largo de la ribera y el ritmo de trabajo estaba marcado por las exigencias del comercio cerealero.
Recordó especialmente las terminales de Callao al fondo y la de Oroño —donde hoy funciona el Museo Macro—, en las que trabajó durante las décadas de 1970 y 1980.
"Había dos turnos: uno de seis de la mañana a tres de la tarde y otro de tres de la tarde hasta la medianoche. Una semana hacíamos uno y la siguiente cambiábamos. Pero cuando había que cargar un barco no existía horario. Entrábamos y nos quedábamos hasta terminar. A veces eran treinta horas seguidas para completar un embarque de treinta o cuarenta mil toneladas", evocó.
Ese esfuerzo, asegura, era parte de una cultura del trabajo que todavía permanece entre quienes siguen desempeñándose en la actividad portuaria.
DEL ESTADO A LA PRIVATIZACIÓN
La historia laboral de Maggione también refleja los cambios estructurales que atravesó el sistema portuario argentino.
La Junta Nacional de Granos, creada en 1933, comenzó a perder protagonismo durante la década de 1980, en un proceso que culminó con su disolución durante la presidencia de Carlos Menem y la posterior privatización de las terminales portuarias.
En Rosario, el cambio definitivo llegó en 1994, cuando Servicios Portuarios asumió la concesión de las terminales 6 y 7.
Norberto fue uno de los trabajadores que permanecieron en actividad.
"Cuando llegó la privatización informé al gremio que quería seguir trabajando. Nunca dudé en quedarme", recordó.
El secretario general de la APJNG, Pedro Gozzi, dimensionó el impacto que tuvo ese proceso.
"Cuando se pasó del Estado a la empresa privada, de unos 400 trabajadores quedaron apenas 50. El resto fue despedido o aceptó el retiro voluntario", señaló.
Desde entonces, Maggione continuó desempeñándose como balancero en las terminales ubicadas sobre Ayolas y el río, donde concluyó su carrera este año.
TRABAJO, FAMILIA Y GRATITUD
En el plano personal, Norberto se casó a los 34 años y tuvo dos hijas. Una de ellas, Antonela, siguió de alguna manera sus pasos al incorporarse a Servicios Portuarios y luego al sindicato.
Después de más de medio siglo de trabajo, asegura que el mayor patrimonio que le dejó el puerto fueron los vínculos construidos.
"Soy un agradecido de la vida. Pude trabajar, crecer personal y profesionalmente y hacer muchísimos amigos. Muchos ya no están, pero siguen presentes en mis recuerdos", afirmó.
Su historia está profundamente ligada a la evolución del Puerto de Rosario. Vivió la época de la Junta Nacional de Granos, atravesó la privatización, conoció los cambios tecnológicos y acompañó el crecimiento de una actividad estratégica para la economía del país.
Al mirar hacia atrás, resume más de cinco décadas de trabajo con una frase sencilla, pero cargada de significado:
"Participé de todo el proceso. Viví experiencias que nunca voy a olvidar."
Con su jubilación concluye una extensa trayectoria laboral, pero queda el testimonio de un hombre cuya vida transcurrió entre su barrio de la zona sur y los muelles del puerto, dos lugares que marcaron definitivamente su identidad.
(Fuente: Daniel Aristizábal)
Comentarios
Deja tu comentario