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Rosario volvió a convertirse este sábado en el centro de la celebración nacional por el Día de la Bandera con una jornada que reunió a miles de personas alrededor del Monumento, la costa central y los distintos espacios preparados para recibir a vecinos y visitantes. La fiesta popular fue el gran protagonista de la fecha, con familias, estudiantes, turistas y comerciantes compartiendo una jornada marcada por la emoción patriótica y el encuentro al aire libre.

Desde temprano, la zona céntrica se transformó en un gran escenario de actividades y las calles cercanas al Monumento se llenaron de puestos gastronómicos, ferias y propuestas culturales que acompañaron la celebración durante todo el día.

Uno de los puntos más convocantes fue el tradicional concurso de asadores a la estaca, donde el humo de los costillares, las empanadas y los pastelitos se mezcló con el clima festivo de la jornada. Sin embargo, el movimiento comercial no alcanzó las expectativas de algunos vendedores: al finalizar el evento quedaron productos sin vender, entre ellos una cantidad llamativa de costillares preparados para la ocasión.

El consumo fue moderado en comparación con otros años. Si bien hubo circulación constante de personas y una gran asistencia al Monumento, muchos visitantes recorrieron los espacios de la fiesta sin realizar grandes compras, priorizando el paseo, las actividades gratuitas y el disfrute del paisaje frente al río.

La celebración también tuvo su dimensión institucional con la presencia del presidente Javier Milei, el gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin, en un acto atravesado por tensiones políticas y diferencias dentro del oficialismo nacional. La interna entre Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel ocupó parte de la escena, aunque el eje principal de la jornada estuvo puesto en el homenaje a Manuel Belgrano.

Más allá de los cruces políticos, la postal que dejó el Día de la Bandera fue la de una ciudad movilizada. La costa central, el Monumento renovado y los alrededores se convirtieron en un punto de encuentro donde convivieron distintas generaciones y miradas, con la bandera como símbolo común. Las marchas patrias y las actividades culturales aportaron un clima familiar que se extendió durante toda la tarde.

Cuando el sol comenzó a bajar y la celebración llegó a su cierre, Rosario dejó la imagen de una fiesta popular multitudinaria, organizada y diversa. Entre la emoción de los homenajes, la música, la gastronomía y los encuentros, el Día de la Bandera volvió a mostrar su capacidad de reunir a miles de personas, aunque con un nivel de consumo más cuidado y distante de las expectativas de algunos comerciantes.