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La decisión de anunciar la salida de Adorni un sábado por la noche, pocas horas antes del partido de la Selección argentina contra Jordania, respondió a una estrategia para reducir la repercusión pública del cambio. En el oficialismo evaluaron que la agenda deportiva podía desplazar la noticia y permitir una transición con menor impacto en la imagen del presidente Javier Milei.

La renuncia estuvo atravesada por las acusaciones de corrupción que rodearon al ahora exjefe de Gabinete y que generaron tensiones dentro del Gobierno. Aunque durante semanas los Milei habían sostenido su respaldo, el entorno de Karina Milei buscó cerrar la etapa con un intercambio de elogios entre ambos para evitar que las diferencias internas quedaran expuestas.

El oficialismo temía que la salida de uno de los funcionarios más cercanos a Karina Milei abriera nuevas disputas entre las distintas facciones de La Libertad Avanza. Por eso, la comunicación oficial apuntó a mostrar un cierre ordenado del ciclo y evitar declaraciones de dirigentes que pudieran profundizar la crisis interna.



El operativo de comunicación fue impulsado por sectores cercanos a Martín y Lule Menem, que definieron presentar la salida como una renuncia y no como un despido. Desde el espacio de Santiago Caputo evitaron realizar críticas sobre la estrategia, aunque señalaron que la decisión sobre la forma de comunicar el final de Adorni no pasó por su equipo.

Ahora, el Gobierno busca dejar atrás el episodio y concentrarse en la designación del nuevo jefe de Gabinete, una definición que todavía se mantiene abierta entre Diego Santilli y Pablo Quirno. Sin embargo, la salida de Adorni continúa ocupando la agenda política y expone las tensiones internas dentro del oficialismo.

Además de su futuro político, permanece la incertidumbre sobre la continuidad de Adorni en el directorio de YPF, cargo que asumió tras la salida de Guillermo Francos. En el Gobierno analizan si seguirá en ese lugar, mientras intentan cerrar una etapa marcada por cuestionamientos, disputas internas y uno de los mayores desafíos políticos desde el inicio de la gestión de Milei.