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Por qué La Favorita tiene los días contados
Tantos bombos y platillos en mayo de 2023 para inaugurarlo como paseo comercial y exorcizar el cierre y partida de Falabella, que ahora La Favorita fenece y se va despoblando de locales de todo rubro ...
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Tantos bombos y platillos en mayo de 2023 para inaugurarlo como paseo comercial y exorcizar el cierre y partida de Falabella, que ahora La Favorita fenece y se va despoblando de locales de todo rubro en su fugaz intento por reactivar el tradicional edificio de la familia García, en Sarmiento y Córdoba.
El intento de devolverle centralidad comercial a esta casa terminó envuelto en una ruptura anticipada, acusaciones cruzadas y un acelerado éxodo de comercios. El histórico edificio de Córdoba y Sarmiento, pensado como emblema de la revitalización del microcentro rosarino tras la salida de Falabella, atraviesa una nueva crisis: el contrato entre el operador del complejo y los propietarios del inmueble quedó oficialmente extinguido, aunque cada parte adjudica la responsabilidad del desenlace a la otra.
El único punto de coincidencia entre Onatisur, administradora del emprendimiento, y el fideicomiso que representa a los dueños del edificio, Compañía Asturias, es que el vínculo comercial que debía prolongarse hasta octubre de 2027 terminó antes de tiempo. A partir de allí, las versiones divergen por completo.
Desde Onatisur sostienen que la ruptura responde a incumplimientos de la parte propietaria, particularmente por la falta de reparación y reemplazo de tramos de las escaleras mecánicas fuera de servicio, un problema que –afirman– afectó severamente la circulación interna de clientes y terminó golpeando las ventas.
En una solicitada pública, la firma acusó a Compañía Asturias de intentar forzar una salida anticipada para facilitar la venta del inmueble. Según su interpretación, la negativa de los propietarios a renegociar condiciones contractuales y revisar el canon locativo estuvo ligada al interés de desprenderse del edificio.
La disputa escaló en un contexto económico adverso y de consumo debilitado, que ya venía complicando la performance del centro comercial. El proyecto había nacido con aspiraciones de largo plazo: un esquema contractual de diez años, con un primer vencimiento previsto para 2027 y posibilidad de extensión posterior. Sin embargo, las conversaciones para redefinir el acuerdo no prosperaron.
Uno de los principales focos del conflicto gira alrededor del pago del alquiler. Onatisur rechaza la existencia de una deuda y argumenta que suspendió los pagos correspondientes a abril y mayo amparándose en la normativa que habilitaría esa medida frente a incumplimientos del locador vinculados a condiciones esenciales de funcionamiento del inmueble.
Del lado del fideicomiso, la lectura es opuesta. Los representantes de los propietarios aseguran que las escaleras mecánicas fueron entregadas operativas tras una importante inversión inicial y que una adenda contractual trasladaba al operador la responsabilidad sobre su mantenimiento y eventual reemplazo.
Desde ese sector interpretan que el argumento técnico fue utilizado como justificación para interrumpir el pago del canon locativo. Según sostienen, los alquileres adeudados incluyen abril, mayo y junio, y remarcan que el plazo otorgado para regularizar la situación expiró sin acuerdo.
La controversia abre además un nuevo frente judicial y contractual: mientras los dueños del inmueble no descartan avanzar con medidas de desalojo, el operador afirma que resistirá cualquier intento de expulsión compulsiva y plantea que el conflicto debería resolverse mediante negociación.
Entretanto, la consecuencia más visible ya se siente en el edificio: la retirada masiva de locatarios. Onatisur informó que acordó con los comerciantes una salida ordenada y progresiva, con una desocupación prevista hacia fines de junio. Apenas quedarían cuatro locales activos para entonces.
La situación golpeó especialmente a comerciantes que habían invertido recursos, reformas y personal apostando a una recuperación comercial del centro rosarino. Entre ellos crece el malestar por un emprendimiento que, según admiten varios operadores, nunca alcanzó el caudal de público proyectado. Algunas firmas locales ya confirmaron su salida definitiva.
CUÁNTO VALE ESA ESQUINA
El caso de La Favorita excede una disputa privada entre partes contractuales. El edificio ocupa un lugar simbólico en la identidad comercial de Rosario y funciona como indicador sensible de la salud del microcentro. Por eso, el desenlace es seguido con preocupación por comerciantes, dirigentes empresariales y autoridades municipales.
Mientras ambas partes preparan sus estrategias para cerrar la desvinculación, persisten las especulaciones sobre el destino del inmueble. Entre las versiones que circulan en el mercado aparece el interés de la cadena uruguaya Indian, señalada como una de las posibles interesadas en desembarcar en el edificio, cuya valuación informal ronda los 17 millones de dólares.
Por ahora, el panorama es otro: persianas que bajan, locales vacíos y un nuevo interrogante abierto sobre el futuro de uno de los símbolos históricos del comercio rosarino.
El intento de devolverle centralidad comercial a esta casa terminó envuelto en una ruptura anticipada, acusaciones cruzadas y un acelerado éxodo de comercios. El histórico edificio de Córdoba y Sarmiento, pensado como emblema de la revitalización del microcentro rosarino tras la salida de Falabella, atraviesa una nueva crisis: el contrato entre el operador del complejo y los propietarios del inmueble quedó oficialmente extinguido, aunque cada parte adjudica la responsabilidad del desenlace a la otra.
El único punto de coincidencia entre Onatisur, administradora del emprendimiento, y el fideicomiso que representa a los dueños del edificio, Compañía Asturias, es que el vínculo comercial que debía prolongarse hasta octubre de 2027 terminó antes de tiempo. A partir de allí, las versiones divergen por completo.
Desde Onatisur sostienen que la ruptura responde a incumplimientos de la parte propietaria, particularmente por la falta de reparación y reemplazo de tramos de las escaleras mecánicas fuera de servicio, un problema que –afirman– afectó severamente la circulación interna de clientes y terminó golpeando las ventas.
En una solicitada pública, la firma acusó a Compañía Asturias de intentar forzar una salida anticipada para facilitar la venta del inmueble. Según su interpretación, la negativa de los propietarios a renegociar condiciones contractuales y revisar el canon locativo estuvo ligada al interés de desprenderse del edificio.
La disputa escaló en un contexto económico adverso y de consumo debilitado, que ya venía complicando la performance del centro comercial. El proyecto había nacido con aspiraciones de largo plazo: un esquema contractual de diez años, con un primer vencimiento previsto para 2027 y posibilidad de extensión posterior. Sin embargo, las conversaciones para redefinir el acuerdo no prosperaron.
Uno de los principales focos del conflicto gira alrededor del pago del alquiler. Onatisur rechaza la existencia de una deuda y argumenta que suspendió los pagos correspondientes a abril y mayo amparándose en la normativa que habilitaría esa medida frente a incumplimientos del locador vinculados a condiciones esenciales de funcionamiento del inmueble.
Del lado del fideicomiso, la lectura es opuesta. Los representantes de los propietarios aseguran que las escaleras mecánicas fueron entregadas operativas tras una importante inversión inicial y que una adenda contractual trasladaba al operador la responsabilidad sobre su mantenimiento y eventual reemplazo.
Desde ese sector interpretan que el argumento técnico fue utilizado como justificación para interrumpir el pago del canon locativo. Según sostienen, los alquileres adeudados incluyen abril, mayo y junio, y remarcan que el plazo otorgado para regularizar la situación expiró sin acuerdo.
La controversia abre además un nuevo frente judicial y contractual: mientras los dueños del inmueble no descartan avanzar con medidas de desalojo, el operador afirma que resistirá cualquier intento de expulsión compulsiva y plantea que el conflicto debería resolverse mediante negociación.
Entretanto, la consecuencia más visible ya se siente en el edificio: la retirada masiva de locatarios. Onatisur informó que acordó con los comerciantes una salida ordenada y progresiva, con una desocupación prevista hacia fines de junio. Apenas quedarían cuatro locales activos para entonces.
La situación golpeó especialmente a comerciantes que habían invertido recursos, reformas y personal apostando a una recuperación comercial del centro rosarino. Entre ellos crece el malestar por un emprendimiento que, según admiten varios operadores, nunca alcanzó el caudal de público proyectado. Algunas firmas locales ya confirmaron su salida definitiva.
CUÁNTO VALE ESA ESQUINA
El caso de La Favorita excede una disputa privada entre partes contractuales. El edificio ocupa un lugar simbólico en la identidad comercial de Rosario y funciona como indicador sensible de la salud del microcentro. Por eso, el desenlace es seguido con preocupación por comerciantes, dirigentes empresariales y autoridades municipales.
Mientras ambas partes preparan sus estrategias para cerrar la desvinculación, persisten las especulaciones sobre el destino del inmueble. Entre las versiones que circulan en el mercado aparece el interés de la cadena uruguaya Indian, señalada como una de las posibles interesadas en desembarcar en el edificio, cuya valuación informal ronda los 17 millones de dólares.
Por ahora, el panorama es otro: persianas que bajan, locales vacíos y un nuevo interrogante abierto sobre el futuro de uno de los símbolos históricos del comercio rosarino.
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