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Los lunes se han convertido en una jornada de frustración para decenas de familias que llegan hasta la Unidad Penitenciaria Nº11 de Piñero. Madres, esposas, hermanas y abuelas recorren kilómetros con bolsas de alimentos, productos de higiene y ropa para sus familiares detenidos. Sin embargo, desde hace tres semanas no se les permite visitar a sus familiares detenidos; y este lunes regresaron a sus hogares con todo lo que llevaron, porque el Servicio Penitenciario prohibió el ingreso de cualquier paquete con alimentos, ropa o elementos de higiene.

Según denunciaron familiares de internos alojados en el pabellón Nº6, destinado a presos catalogados como de "alto perfil", las autoridades penitenciarias mantienen suspendidas las visitas y el ingreso de paquetes con comida, agua mineral y artículos básicos de uso personal. La medida, afirman, se suma a un régimen de encierro permanente que mantiene a los detenidos prácticamente aislados del exterior.

La situación motivó este lunes una protesta de familiares frente al establecimiento penitenciario. Allí relataron que cada semana se repite la misma escena: largas horas de espera, respuestas ambiguas por parte del personal y la imposibilidad de entregar siquiera los elementos autorizados por el propio reglamento del penal.

“Fuimos varias familias con alimentos y artículos de higiene, pero no dejaron ingresar nada”, contó una mujer cuyo hermano se encuentra alojado en el sector afectado. “Nos dijeron que era una disposición superior y que ellos no podían modificarla”.



El reclamo apunta sobre todo a las condiciones de detención que, según describen, se agravaron luego de una serie de incidentes registrados semanas atrás dentro del pabellón. A partir de entonces, aseguran, los internos quedaron sometidos a un esquema de restricciones generalizadas.

Las familias sostienen que los detenidos permanecen encerrados durante todo el día en celdas que presentan niveles críticos de sobreocupación. Marcela, madre de uno de los internos, relató a RosarioPlus que su hijo comparte una celda diseñada originalmente para una sola persona.

“Hay tres personas viviendo en espacios mínimos. No tienen patio, recreación ni actividades. Están encerrados todo el tiempo”, señaló.

La mujer afirmó además que el deterioro físico de algunos detenidos resulta visible. Según explicó, la imposibilidad de recibir alimentos desde el exterior agrava una situación que ya venía siendo compleja por las limitaciones impuestas a los paquetes familiares.

“Con la cantidad permitida apenas alcanzaba para complementar la comida. Ahora directamente no pueden recibir nada”, sostuvo.

Las denuncias también incluyen cuestionamientos por las condiciones alimentarias dentro del penal. Familiares de distintos internos aseguran que las raciones son insuficientes y de pésima calidad para una población que, según indican, supera ampliamente la capacidad prevista para el pabellón.



Jesica, hermana de un detenido condenado a prisión perpetua, dijo que desde mediados de mayo no logra tener contacto presencial con él. “La última vez que lo vimos tenía problemas de salud y necesitaba atención odontológica. Desde entonces no sabemos cómo está”, relató.

La mujer aseguró que muchos internos transmiten desde el interior del pabellón reclamos vinculados al acceso a la comida. “Lo que más escuchamos es que tienen hambre. Nos dicen que la comida no alcanza y que la sobrepoblación empeora todo”, afirmó.

Las críticas alcanzan también al sistema de compras internas. Los detenidos sólo pueden adquirir algunos productos mediante depósitos de dinero efectuados por sus familiares, aunque consideran que los montos autorizados resultan insuficientes frente a los precios de la cantina del establecimiento.

“Con el dinero que podemos enviar tienen que elegir qué comprar porque no alcanza para cubrir todas las necesidades básicas”, señaló Jesica.

Otro de los puntos cuestionados refiere a la calidad del agua disponible y a las dificultades para acceder a atención médica durante los períodos de aislamiento.

Las familias remarcan que su reclamo no busca discutir las condenas que cumplen los internos, sino las condiciones en que transcurre el encierro.

“Nadie está diciendo que no deban cumplir sus penas”, expresó una de las mujeres que participó de la protesta. “Lo que pedimos es que puedan recibir alimentos, agua y elementos de higiene. Son cuestiones básicas”.

Mientras esperan una respuesta oficial, los familiares continúan reuniéndose cada semana frente a los portones de la cárcel. La incertidumbre sobre cuándo se reanudarán las visitas y el ingreso de provisiones mantiene en alerta a quienes tienen familiares alojados en uno de los sectores más restrictivos de la unidad penitenciaria.