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La muerte de Carlos Solari, el músico que marcó a varias generaciones primero con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y luego como solista, provocó una conmoción que excede al universo del rock. En medio de los homenajes y recuerdos, reaparecen algunas de las frases que mejor condensan su manera de entender la vida, la política, el arte y el paso del tiempo.

Entre ellas, una de las más recordadas es aquella que pronunció durante una entrevista televisiva al ser consultado sobre la muerte: “Me gustaría que la muerte me encuentre vivo”.

La expresión, breve pero contundente, se transformó con los años en una declaración de principios. No hablaba solamente del final biológico, sino de la voluntad de permanecer activo, curioso y creativo hasta el último momento. Incluso después de que en 2016 revelara públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson, Solari continuó grabando canciones, escribiendo y desarrollando proyectos artísticos.

La frase adquirió con el tiempo una dimensión casi filosófica. Para miles de seguidores, resumía la actitud de un artista que siempre rechazó la nostalgia paralizante y que prefirió mantenerse en movimiento antes que convertirse en una figura dedicada exclusivamente a administrar su propia leyenda.



Otra definición que reaparece hoy es la que formuló durante una extensa conversación con el periodista Mario Pergolini: “Soy un artista peronista”.

Lejos de una identificación partidaria coyuntural, Solari explicó en diversas oportunidades que esa caracterización tenía que ver con una sensibilidad vinculada a los sectores populares y con una mirada crítica sobre las desigualdades sociales. Durante años evitó transformarse en un referente político tradicional, pero nunca ocultó sus posiciones sobre la realidad argentina.

“Soy un artista peronista” fue una de las pocas etiquetas que aceptó para sí mismo. En una trayectoria marcada por el rechazo a los encasillamientos, la frase funcionó como una síntesis de su identidad cultural y de su vínculo con un público mayoritariamente popular.

Esas declaraciones forman parte de un repertorio de pensamientos que el Indio fue dejando a cuentagotas. A diferencia de otros artistas, construyó su figura pública desde la distancia, concediendo pocas entrevistas y evitando la exposición permanente. Precisamente por eso, cada aparición suya adquiría un carácter excepcional y sus palabras eran analizadas con la misma atención que sus canciones.

Con su muerte desaparece una de las voces más influyentes de la cultura argentina contemporánea. Sin embargo, muchas de las frases que pronunció siguen circulando como pequeñas piezas de una obra mayor.

Entre todas ellas, acaso ninguna resuene hoy con tanta fuerza como aquella en la que imaginó su propio final: “Me gustaría que la muerte me encuentre vivo”. Una frase que, para muchos de sus seguidores, termina funcionando como una despedida involuntaria y como el resumen perfecto de una vida dedicada a crear, provocar y mantenerse en movimiento hasta el final.