Generales
Laguna Paiva II: sobrevivientes reconstruyeron un lugar clave del circuito represivo
Cuarenta y seis años después de haber permanecido allí detenidos, sobrevivientes de la causa Laguna Paiva II regresaron a la ex Guardia de Infantería Reforzada (GIR) de Santa Fe para recorrer los ...
Escuchar artículo
Cuarenta y seis años después de haber permanecido allí detenidos, sobrevivientes de la causa Laguna Paiva II regresaron a la ex Guardia de Infantería Reforzada (GIR) de Santa Fe para recorrer los espacios que durante décadas habitaron en sus recuerdos.
La inspección judicial realizada el jueves pasado en el edificio que actualmente funciona como sede de la Jefatura de Policía de la Unidad Regional I constituyó un momento significativo del proceso oral que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe. La recorrida adquirió una fuerte dimensión simbólica para las víctimas y para la reconstrucción de la memoria colectiva.
De la diligencia participaron los sobrevivientes María Ceferina Páez, Graciela Páez, Miguel Páez, José Santiago Páez, Rodolfo Lemos y Susana Medina, junto a los jueces Mario Gambacorta y Osvaldo Facciano, representantes de la fiscalía, la querella, la defensa y personal de la Secretaría de Derechos Humanos.
A medida que avanzó la recorrida, los testimonios expusieron las transformaciones que sufrió el edificio con el paso del tiempo. Los grandes espacios originales hoy aparecen divididos por oficinas construidas con paredes de durlock y los largos pasillos son transitados cotidianamente por personal policial. Sin embargo, distintos elementos permanecieron inalterados y permitieron a los sobrevivientes orientarse dentro del lugar.
Uno de los momentos centrales se produjo cuando los testigos identificaron el baño de la planta alta que habían mencionado reiteradamente en sus declaraciones. Durante años, varios integrantes de la familia Páez y otros sobrevivientes habían recordado la existencia de un inodoro ubicado dentro del salón donde permanecían encerrados y una pequeña ventana elevada desde la cual intentaban observar el exterior.
La referencia coincidía con un episodio relatado por distintos testigos: la caída de Miguel "Pipi" Páez mientras intentaba asomarse por esa abertura, accidente que terminó con la rotura del inodoro. A partir de ese reconocimiento, los sobrevivientes lograron ubicar el espacio donde permanecieron detenidos durante aproximadamente un mes, hoy convertido en oficinas.
La inspección también permitió identificar una escalera mencionada en numerosos testimonios. Según recordaron, durante las visitas de inspección o cuando llegaban representantes de organismos internacionales, los policías los obligaban a esconderse debajo de ella para evitar que fueran vistos. Aunque el hueco original ya fue cerrado por reformas posteriores, los sobrevivientes pudieron reconocer la estructura y señalar el lugar donde permanecían ocultos.
Otro de los aportes relevantes surgió de la reconstrucción realizada por Graciela Páez. Durante la recorrida logró identificar la habitación donde permaneció junto a su madre y sus hermanos, y aportó un detalle que reforzó una hipótesis sostenida durante el juicio: la certeza de haber permanecido siempre dentro del mismo edificio, aun durante los días en que estuvo aislada y vendada antes de reencontrarse con su familia.
La escena más conmovedora llegó hacia el final del recorrido. Al salir por un sector distinto al utilizado para el ingreso, Susana Medina reconoció el edificio como el lugar al que había sido llevada cuando tenía apenas 13 años.
Durante su testimonio había relatado que, tras el secuestro de su madre, fue trasladada por hombres de civil a distintos lugares mientras buscaba desesperadamente información sobre su familia. En una de esas dependencias observó un cuadro con fotografías en blanco y negro donde aparecían sus padres, tíos y otros familiares.
"Yo venía buscando a mis padres", recordó durante la inspección, y agregó: "La idea mía era ver si podía ver la foto de mi mamá o de mi papá". Luego, frente al edificio, expresó su certeza de que "era una comisaría, pero no sabía cuál era el lugar".
La recorrida permitió que aquel recuerdo fragmentario encontrara finalmente una ubicación concreta. Casi medio siglo después, pudo identificar el sitio donde comprendió por primera vez que gran parte de su familia se encontraba detenida.
Desde la querella destacaron que la importancia de la inspección excede su valor procesal. La abogada Noelia Zarza señaló que el principal aporte radica en que los sobrevivientes pudieron "materializar el lugar que venían relatando en las audiencias" y comprobar que los espacios mencionados en sus testimonios efectivamente existían.
"Pudieron identificar todos los lugares que mencionaron en los testimonios. Es muy importante porque volvieron varios años después, en el marco de un proceso judicial que busca justicia", explicó.
La letrada señaló además que resta acreditar judicialmente que la Guardia de Infantería Reforzada integró el mismo circuito represivo del Departamento de Informaciones (D2), dependencia a la que pertenecían los imputados que actualmente son juzgados. Precisamente por eso, la próxima semana está prevista una nueva inspección en el edificio donde funcionó el D2.
Más allá de las responsabilidades individuales que se discuten en el juicio, la recorrida permitió que sobrevivientes que durante décadas reconstruyeron el horror a través de recuerdos dispersos pudieran volver a caminar esos mismos pasillos y señalar, con precisión, los lugares donde ocurrieron los hechos.
La inspección judicial realizada el jueves pasado en el edificio que actualmente funciona como sede de la Jefatura de Policía de la Unidad Regional I constituyó un momento significativo del proceso oral que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe. La recorrida adquirió una fuerte dimensión simbólica para las víctimas y para la reconstrucción de la memoria colectiva.
De la diligencia participaron los sobrevivientes María Ceferina Páez, Graciela Páez, Miguel Páez, José Santiago Páez, Rodolfo Lemos y Susana Medina, junto a los jueces Mario Gambacorta y Osvaldo Facciano, representantes de la fiscalía, la querella, la defensa y personal de la Secretaría de Derechos Humanos.
A medida que avanzó la recorrida, los testimonios expusieron las transformaciones que sufrió el edificio con el paso del tiempo. Los grandes espacios originales hoy aparecen divididos por oficinas construidas con paredes de durlock y los largos pasillos son transitados cotidianamente por personal policial. Sin embargo, distintos elementos permanecieron inalterados y permitieron a los sobrevivientes orientarse dentro del lugar.
Uno de los momentos centrales se produjo cuando los testigos identificaron el baño de la planta alta que habían mencionado reiteradamente en sus declaraciones. Durante años, varios integrantes de la familia Páez y otros sobrevivientes habían recordado la existencia de un inodoro ubicado dentro del salón donde permanecían encerrados y una pequeña ventana elevada desde la cual intentaban observar el exterior.
La referencia coincidía con un episodio relatado por distintos testigos: la caída de Miguel "Pipi" Páez mientras intentaba asomarse por esa abertura, accidente que terminó con la rotura del inodoro. A partir de ese reconocimiento, los sobrevivientes lograron ubicar el espacio donde permanecieron detenidos durante aproximadamente un mes, hoy convertido en oficinas.
La inspección también permitió identificar una escalera mencionada en numerosos testimonios. Según recordaron, durante las visitas de inspección o cuando llegaban representantes de organismos internacionales, los policías los obligaban a esconderse debajo de ella para evitar que fueran vistos. Aunque el hueco original ya fue cerrado por reformas posteriores, los sobrevivientes pudieron reconocer la estructura y señalar el lugar donde permanecían ocultos.
Otro de los aportes relevantes surgió de la reconstrucción realizada por Graciela Páez. Durante la recorrida logró identificar la habitación donde permaneció junto a su madre y sus hermanos, y aportó un detalle que reforzó una hipótesis sostenida durante el juicio: la certeza de haber permanecido siempre dentro del mismo edificio, aun durante los días en que estuvo aislada y vendada antes de reencontrarse con su familia.
La escena más conmovedora llegó hacia el final del recorrido. Al salir por un sector distinto al utilizado para el ingreso, Susana Medina reconoció el edificio como el lugar al que había sido llevada cuando tenía apenas 13 años.
Durante su testimonio había relatado que, tras el secuestro de su madre, fue trasladada por hombres de civil a distintos lugares mientras buscaba desesperadamente información sobre su familia. En una de esas dependencias observó un cuadro con fotografías en blanco y negro donde aparecían sus padres, tíos y otros familiares.
"Yo venía buscando a mis padres", recordó durante la inspección, y agregó: "La idea mía era ver si podía ver la foto de mi mamá o de mi papá". Luego, frente al edificio, expresó su certeza de que "era una comisaría, pero no sabía cuál era el lugar".
La recorrida permitió que aquel recuerdo fragmentario encontrara finalmente una ubicación concreta. Casi medio siglo después, pudo identificar el sitio donde comprendió por primera vez que gran parte de su familia se encontraba detenida.
Desde la querella destacaron que la importancia de la inspección excede su valor procesal. La abogada Noelia Zarza señaló que el principal aporte radica en que los sobrevivientes pudieron "materializar el lugar que venían relatando en las audiencias" y comprobar que los espacios mencionados en sus testimonios efectivamente existían.
"Pudieron identificar todos los lugares que mencionaron en los testimonios. Es muy importante porque volvieron varios años después, en el marco de un proceso judicial que busca justicia", explicó.
La letrada señaló además que resta acreditar judicialmente que la Guardia de Infantería Reforzada integró el mismo circuito represivo del Departamento de Informaciones (D2), dependencia a la que pertenecían los imputados que actualmente son juzgados. Precisamente por eso, la próxima semana está prevista una nueva inspección en el edificio donde funcionó el D2.
Más allá de las responsabilidades individuales que se discuten en el juicio, la recorrida permitió que sobrevivientes que durante décadas reconstruyeron el horror a través de recuerdos dispersos pudieran volver a caminar esos mismos pasillos y señalar, con precisión, los lugares donde ocurrieron los hechos.
Comentarios
Deja tu comentario