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La caída del consumo de carne vacuna en Argentina volvió a encender señales de alerta en el sector cárnico. Según un reciente informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), el consumo por habitante registró en mayo uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas. Aunque los carniceros reconocen que la tendencia no es nueva, advierten que el principal factor detrás de este fenómeno sigue siendo la pérdida de poder adquisitivo de los hogares.

"Lo que se está viendo ahora es lo que se viene viendo desde hace bastante tiempo", señaló Juan Ramos, presidente de la Sociedad de Carniceros de Rosario, en diálogo con Sí 98.9. "A veces el consumo sube un poquito, otras baja, pero todo depende del poder adquisitivo. Eso es lo que maneja absolutamente todo", resumió.

Para Ramos, la retracción del consumo de carne vacuna se explica en buena medida por el crecimiento de otras proteínas más accesibles para el bolsillo. "Gracias a Dios hay alternativas que la gente está usando, como el cerdo y el pollo", afirmó.


PRECIOS ESTABLES, VENTAS CONDICIONADAS

A diferencia de otros momentos de alta inflación, desde el sector destacan que los valores de la carne vacuna muestran una relativa estabilidad desde hace varias semanas.

Según explicó Ramos, un kilo de asado ronda actualmente los 20.000 pesos, mientras que cortes de mayor calidad, como nalga, cuadril o peceto, se ubican entre 22.000 y 24.000 pesos por kilo.

"No es que viene aumentando mes a mes. Hace más de dos meses que los precios de la hacienda están prácticamente estancados", sostuvo el dirigente, quien señaló que las referencias del sector continúan siendo las operaciones realizadas en el Mercado Agroganadero de Cañuelas.

Sin embargo, la estabilidad de precios no alcanzó para revertir la caída del consumo. Los hábitos de compra cambiaron y los consumidores se muestran cada vez más atentos a las promociones y a la búsqueda de opciones más económicas.


DEL PECETO AL BRAZUELO

En las carnicerías rosarinas, el comportamiento de la demanda varía según el momento del mes. Durante los primeros días, cuando se cobran salarios y jubilaciones, suelen tener mayor salida los cortes tradicionales como nalga, cuadril, peceto y asado.

Pero a medida que avanzan las semanas, ganan terreno cortes históricamente menos demandados, aunque de buena calidad culinaria y menor precio.

"La gente aprendió a diversificar mucho más el consumo. Hoy busca precio y calidad", explicó Ramos. Entre los cortes más elegidos aparecen el brazuelo, la palomita, el roast beef, el chingolo y distintas variedades de carne picada, cuyos valores se ubican considerablemente por debajo de los cortes premium.



El fenómeno refleja un cambio cultural que los carniceros observan desde hace varios años. Mientras antes muchas familias se inclinaban por un conjunto reducido de cortes tradicionales, hoy existe una mayor disposición a probar alternativas para sostener el consumo de carne vacuna sin afectar tanto el presupuesto familiar.


EL AUGE DEL CERDO

Donde el cambio se vuelve más evidente es en el crecimiento del consumo de carne porcina. Ramos destacó que cortes provenientes de la pulpa de cerdo –como nalga, cuadril o cabeza de lomo– se consolidaron como una opción habitual para muchas familias.

"Estamos hablando de cortes que rondan los 10.000 pesos el kilo. Con eso se pueden hacer milanesas, bifes o carne al horno. La diferencia de precio es muy grande y la gente la aprovecha", explicó.

Según el dirigente, años atrás el consumo de cerdo se limitaba principalmente a costillas, pechito o matambre. Hoy, en cambio, las pulpas porcinas ocupan un lugar destacado en los mostradores y en las compras cotidianas.


LA CARNICERÍA DE BARRIO RESISTE

Pese al avance de las grandes cadenas comerciales y las promociones bancarias, Ramos aseguró que las carnicerías tradicionales mantienen una posición dominante en el mercado local. "La gente sigue prefiriendo el trato directo. Le gusta ir a la carnicería, elegir, preguntar y que el carnicero la asesore", afirmó.

Según explicó, muchos comercios barriales compiten con ofertas propias y valores similares a los de supermercados, aunque suman el valor agregado del asesoramiento personalizado y la posibilidad de recomendar cortes según el presupuesto disponible.


MÁRGENES MÁS AJUSTADOS

Ramos descartó una ola de cierres de carnicerías en Rosario, aunque reconoció que la rentabilidad se redujo de manera ostensible. "Los márgenes se han achicado y los gastos siguen aumentando mes a mes. Ese es el problema que tenemos", señaló.

No obstante, indicó que la mayoría de los negocios históricos continúa funcionando y que no se observa una situación generalizada de cierre de locales.

Para el presidente de la Sociedad de Carniceros, la permanencia de las carnicerías de barrio es una prueba de resiliencia en un contexto complejo para el consumo. Aunque las ventas de carne vacuna siguen lejos de los niveles de años anteriores, el sector apuesta a sostener la actividad adaptándose a un consumidor cada vez más cuidadoso de sus gastos y más dispuesto a reemplazar los cortes tradicionales por opciones más económicas.