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El Mundial de fútbol despierta una pasión que atraviesa generaciones. Reunirse con amigos, gritar un gol, ilusionarse con la Selección y emocionarse con los ídolos forma parte de la identidad argentina. En paralelo, avanzan las apuestas online, especialmente entre adolescentes y jóvenes. El fenómeno preocupa a los especialistas.

En una entrevista con Así de Bien, la psicoanalista e integrante de la Red Ludopatía Rosario, María Juliana Bottaini, explicó que los grandes eventos deportivos generan el escenario ideal para que muchas personas tengan su primer contacto con el juego compulsivo.

"El Mundial es una actividad deportiva que nos representa como el tango o el folclore. Nos hace bien juntarnos, compartir, gritar un gol. El problema es que también se transforma en un terreno propicio para que se instalen ciertas compulsiones, como las apuestas online", señaló.


EL MUNDIAL COMO PUERTA DE ENTRADA

Para Bottaini, el riesgo no termina cuando concluye la Copa del Mundo. "La publicidad instala la idea de que si apostás y ganás sos feliz. El problema es que, cuando termina el Mundial, esa práctica puede quedar fijada como un molde y transformarse en una adicción", explicó.

En ese punto advirtió que cambia completamente la manera de vivir el deporte. "Ya no se mira fútbol por placer, sino para saber si se acertó una apuesta. Se desnaturaliza la razón de ser de un deporte tan importante para nosotros".


CIRCUITO DE RECOMPENSA

La especialista explicó que las apuestas activan mecanismos similares a otras adicciones, aunque no haya consumo de sustancias. "El goce tiene más que ver con la pulsion de muerte que con el disfrute. Algo nos lleva a querer repetir esa experiencia de cuando ganamos por primera vez. Hay un circuito de recompensas en el cebrero que se activa. Es una compulsion que las personas no pueden dejar de hacer".

"El cuerpo siempre está involucrado, porque el goce, la compulsión, se sienten en el cuerpo aunque no haya sustancias. Son actividades tan automaticas que a veces las personas no alcanzan a consentir del todo. Lo importante es poder frenarse a tiempo".


ADOLESCENTES, LA PREOCUPACIÓN

Uno de los principales focos de preocupación de los especialistas son los menores de edad. Según Bottaini, hoy el acceso al juego es mucho más sencillo que hace algunos años gracias a las billeteras virtuales y las plataformas digitales.

Incluso advirtió sobre propuestas que parecen inofensivas. "Hay aplicaciones que ofrecen pronósticos deportivos con premios, aunque no impliquen dinero directamente (como el caso de Mercado Pago). Eso también instala una lógica de recompensa". Por eso sostuvo que es necesario poner límites en el acceso y acompañar mucho más de cerca a los chicos.


SEÑALES PARA PADRES

Lejos de proponer castigos, Bottaini considera que el diálogo sigue siendo la principal herramienta de prevención. "Hay que acercarse a los chicos, escucharlos antes que sancionarlos. Preguntarles qué les pasa, con qué se divierten, a qué juegan".

Entre las señales de alerta mencionó los cambios bruscos de humor o irritabilidad, las alteraciones del sueño y la necesidad permanente de tener el celular encima.


ÍDOLOS Y PUBLICIDAD

Otro de los aspectos que preocupa es el enorme bombardeo publicitario que acompaña al Mundial. Las casas de apuestas aparecen durante las transmisiones, en redes sociales y hasta en las camisetas de clubes y selecciones. Incluso muchos futbolistas e ídolos deportivos protagonizan campañas promocionales.

"La regulacion y las politicas publicas tienen que limitar la oferta y directamente prohibir algunas publicidades que prometen una felicidad ficticia. La felicidad no llega por un golpe de suerte", sostuvo.


CUANDO EL MERCADO EMPIEZA A DECIDIR

La psicoanalista sostuvo que las apuestas forman parte de un fenómeno mucho más amplio. "Hoy casi todo puede transformarse en una adicción. El fútbol también termina siendo un objeto más del mercado para incentivar consumos".

Y advirtió que esa lógica puede trasladarse luego a otros comportamientos compulsivos. "La pregunta siempre es qué función cumple esa adicción en la vida de cada uno", sumó.

"El algoritmo adivina nuestros deseos. Muchas veces ya no sabemos si realmente elegimos algo o si es el mercado el que desea por nosotros. Por eso necesitamos hacer una pausa y volver a preguntarnos qué queremos de verdad", cerró.