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Alquilar se lleva hasta el 80% de una jubilación
El mercado inmobiliario rosarino muestra una paradoja cada vez más evidente: hay más departamentos en alquiler que hace un año, pero acceder a una vivienda continúa siendo un problema para quienes...
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El mercado inmobiliario rosarino muestra una paradoja cada vez más evidente: hay más departamentos en alquiler que hace un año, pero acceder a una vivienda continúa siendo un problema para quienes viven de un salario mínimo o una jubilación. Un informe difundido este miércoles por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso) advierte que, durante junio, un trabajador que percibe el salario mínimo no logró cubrir el costo de un monoambiente y que un jubilado que cobra el haber mínimo debió destinar cerca del 80 por ciento de sus ingresos únicamente al alquiler.
El relevamiento señala que los precios de oferta de los departamentos de un ambiente aumentaron 36 por ciento en los últimos doce meses, mientras que los de dos ambientes subieron 29 por ciento y los de tres ambientes, 33 por ciento.
Durante junio, además, los monoambientes registraron un incremento mensual del 2,7 por ciento y los departamentos de tres ambientes treparon 4,3 por ciento respecto de mayo. Los inmuebles de dos dormitorios, en cambio, permanecieron prácticamente sin cambios.
Los datos aparecen en un contexto de profundas transformaciones del mercado locativo desde la derogación de la Ley de Alquileres impulsada por el gobierno nacional a través del DNU 70/2023. La liberalización de los contratos produjo una fuerte expansión de la oferta, fenómeno que también se verifica en Rosario.
Según el informe del Ceso, la cantidad de viviendas ofrecidas en alquiler aumentó 72 por ciento en comparación con junio del año pasado. Sin embargo, ese crecimiento no se tradujo en un alivio para los sectores de menores ingresos.
La situación resulta especialmente crítica para jubilados y trabajadores informales. Con haberes mínimos que evolucionan por debajo de los costos de la vivienda, cada actualización del mercado inmobiliario amplía la distancia entre ingresos y alquileres.
La problemática habitacional se suma a otras señales de deterioro económico que vienen registrándose en Santa Fe. En las últimas semanas, distintos estudios advirtieron sobre la caída del empleo privado, el cierre de pequeñas empresas y la pérdida de puestos de trabajo registrados en la provincia. Los informes del Centro de Economía Política Argentina (Cepa) señalaron además un retroceso en la cantidad de empleadores y un estancamiento del empleo formal durante el último año.
En Rosario, la situación adquiere características particulares. El aumento de la oferta de departamentos disponibles convive con una demanda condicionada por ingresos cada vez más ajustados. El resultado es un mercado con mayor disponibilidad de unidades, pero con dificultades crecientes para garantizar el acceso a la vivienda.
Las organizaciones de inquilinos vienen alertando desde hace meses sobre este fenómeno. Si bien la eliminación de las regulaciones incentivó la publicación de inmuebles, los contratos se pactan en muchos casos con actualizaciones frecuentes y valores iniciales elevados en relación con los salarios.
El informe del Ceso vuelve a poner números a esa realidad. En una ciudad donde el costo de la vivienda absorbe una porción cada vez mayor de los ingresos familiares, alquilar dejó de ser solamente un gasto importante para convertirse, en muchos casos, en el principal factor de vulnerabilidad económica.
La recuperación de la oferta inmobiliaria, celebrada por el sector propietario y las cámaras del rubro, todavía no encuentra correlato en una mejora de las condiciones de acceso para quienes buscan un techo. Y mientras los departamentos vuelven al mercado, los ingresos siguen corriendo desde atrás.
El relevamiento señala que los precios de oferta de los departamentos de un ambiente aumentaron 36 por ciento en los últimos doce meses, mientras que los de dos ambientes subieron 29 por ciento y los de tres ambientes, 33 por ciento.
Durante junio, además, los monoambientes registraron un incremento mensual del 2,7 por ciento y los departamentos de tres ambientes treparon 4,3 por ciento respecto de mayo. Los inmuebles de dos dormitorios, en cambio, permanecieron prácticamente sin cambios.
Los datos aparecen en un contexto de profundas transformaciones del mercado locativo desde la derogación de la Ley de Alquileres impulsada por el gobierno nacional a través del DNU 70/2023. La liberalización de los contratos produjo una fuerte expansión de la oferta, fenómeno que también se verifica en Rosario.
Según el informe del Ceso, la cantidad de viviendas ofrecidas en alquiler aumentó 72 por ciento en comparación con junio del año pasado. Sin embargo, ese crecimiento no se tradujo en un alivio para los sectores de menores ingresos.
La situación resulta especialmente crítica para jubilados y trabajadores informales. Con haberes mínimos que evolucionan por debajo de los costos de la vivienda, cada actualización del mercado inmobiliario amplía la distancia entre ingresos y alquileres.
La problemática habitacional se suma a otras señales de deterioro económico que vienen registrándose en Santa Fe. En las últimas semanas, distintos estudios advirtieron sobre la caída del empleo privado, el cierre de pequeñas empresas y la pérdida de puestos de trabajo registrados en la provincia. Los informes del Centro de Economía Política Argentina (Cepa) señalaron además un retroceso en la cantidad de empleadores y un estancamiento del empleo formal durante el último año.
En Rosario, la situación adquiere características particulares. El aumento de la oferta de departamentos disponibles convive con una demanda condicionada por ingresos cada vez más ajustados. El resultado es un mercado con mayor disponibilidad de unidades, pero con dificultades crecientes para garantizar el acceso a la vivienda.
Las organizaciones de inquilinos vienen alertando desde hace meses sobre este fenómeno. Si bien la eliminación de las regulaciones incentivó la publicación de inmuebles, los contratos se pactan en muchos casos con actualizaciones frecuentes y valores iniciales elevados en relación con los salarios.
El informe del Ceso vuelve a poner números a esa realidad. En una ciudad donde el costo de la vivienda absorbe una porción cada vez mayor de los ingresos familiares, alquilar dejó de ser solamente un gasto importante para convertirse, en muchos casos, en el principal factor de vulnerabilidad económica.
La recuperación de la oferta inmobiliaria, celebrada por el sector propietario y las cámaras del rubro, todavía no encuentra correlato en una mejora de las condiciones de acceso para quienes buscan un techo. Y mientras los departamentos vuelven al mercado, los ingresos siguen corriendo desde atrás.
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