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¿De qué va a trabajar la pibada?
POR LUCIANO VIGONI (*) En un país sin crecimiento de empleo genuino en los últimos 15 años, la discusión estructural sobre el trabajo y los modos de generar dinero se torna urgente....
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POR LUCIANO VIGONI (*)
En un país sin crecimiento de empleo genuino en los últimos 15 años, la discusión estructural sobre el trabajo y los modos de generar dinero se torna urgente.
La revolución tecnológica, la inteligencia artificial y la robótica avanzan a un ritmo acelerado, pero no están mostrando un traslado masivo de trabajadores hacia nuevas ramas, ni actividades, ni una absorción de trabajo protegido de quienes son desplazados . Los “nuevos oficios” no compensan la destrucción de empleo, y mucho menos en economías periféricas como la nuestra.
Ningún estudio serio habla de un traslado o un complemento, por el contrario, todos van mostrando cómo la riqueza se concentra mientras las desigualdades aumentan al calor del cierre de medianas y pequeñas empresas que ven cerrar sus puertas por falta de protección, fruto de una ortodoxia económica que solo se aplica en la periferia y que el mundo desarrollado no implementa puertas para dentro. Siendo hoy China la gran potencia comercial, industrial y tecnológica, lo acontecido con el sudeste asiatico y parte de Europa muestra un rol central del Estado y la planificacion. Basta con ver los aranceles y las políticas proteccionistas de Estados Unidos para apreciar cuán libre es la economía de los países con los PBI más alto del planeta.
Sin embargo, sobre todo en occidente, las economías de plataformas aparecen en el relato como las grandes generadoras de empleo temporario y precario.
Con lógicas de transnacionales, sin prácticamente regulación, vienen siendo una salida concreta para amplios sectores de la sociedad. Uber, Didi, Rappi, PedidosYa, Mercado Libre y tantas otras que, dado que forman parte de la publicidades y de la vida de muchos sectores que la tienen en las aplicaciones cotidianas de su celular, se han transformado en un soporte para transitar la crisis perpetua.
Para los trabajadores en su teléfono conviven varias aplicaciones que permiten sumar ingresos. Son trabajos hipertemporarios, sin derechos, que permiten la masiva inserción laboral juvenil por estos días.
Desde la llegada de Javier Milei al poder, este escenario se profundizó. La destrucción del mercado interno debilitó aún más el magro empleo registrado pero también hundió a la economía popular, que durante años funcionó como estrategia de supervivencia para miles de personas. En síntesis: la caída del consumo, el ajuste brutal y la apertura indiscriminada de importaciones no solo destruyen empleo formal sino que también empujan a cada vez mas trabajadores al pluriempleo al interior de la economía de plataformas que va empujando todavía más hacia los márgenes a la economía popular en su acepción más tradicional.
Pero sería un error pensar que todo empieza con Milei. Hay problemas estructurales que tampoco fueron revertidos, y ni siquiera discutidos, durante los gobiernos populares. Esto demuestra que el trabajo, su presente y su futuro, y las trayectorias laborales de pibas y pibes que crecen en condiciones materiales cada vez más desiguales, pasan de largo en el interés de políticas públicas que hace décadas no logran modificar esas trayectorias vitales.
PLURIEMPLEO NARCO
En un capitalismo financiero, global y tecnológico, la violencia dejó de ser una anomalía para convertirse en parte de la estructura económica y del entramado social. La presencia capilar del narcotráfico en las ciudades atravesando la economía de amplios sectores sociales lo convierten en una máquina a gran escala, generadora de capital y de ocupaciones. No solo por el dinero que circula, sino por su articulación, por arriba, con el desarrollo inmobiliario, el blanqueo de capitales y la especulación financiera. Las causas judiciales de los últimos años en Rosario lo demuestran con claridad: financistas, estudios contables y entramados comerciales desplegados para lavar dinero.
Sin embargo, en la última década, el negocio narco se fue diversificando también por abajo a través del prestamismo, los casinitos virtuales y otras actividades que pasaron a formar parte de las economías territoriales. Préstamos disponibles las 24 horas, con intereses usurarios, otorgados a personas sin margen real de negociación. Devoluciones diarias, semanales o mensuales que superan cualquier tasa bancaria o incluso las comisiones de las financieras y plataformas más usurarias .
Los casinitos online, réplicas de las plataformas legales que inundan la publicidad deportiva local y global. Estas apps funcionan mediante “cajeritas” que intermedian entre el jugador y la plataforma. Para muchas pibas y pibes ser cajero es una salida económica rápida, con menos riesgos que la venta o el cuidado de estupefacientes o armas. No es casual: es racionalidad económica en contextos de exclusión.
En paralelo, los mismos jóvenes combinan estas actividades con el trabajo en plataformas legales. En el mismo celular conviven Uber, Didi, Rappi, préstamos ilegales y apuestas online. La economía delictiva ya no es un fenómeno marginal sino que ocupa el centro de los ingresos de los sectores populares, aunque también -de manera más opaca- de sectores medios y profesionales –abogados, contadores, técnicos e ingenieros–, quienes aportan saberes clave para montar estructuras jurídicas, financieras y tecnológicas.
En este escenario, el gobierno de Milei avanza con una reforma laboral que no hace más que profundizar el problema. Reducir salarios, flexibilizar derechos y debilitar la protección del trabajo formal solo ampliará el número de pibes y pibas vinculados al prestamismo narco, a ejercer de cajeritas de los casinitos, soldaditos que aprietan a los deudores, en combinación con la comercialización mas clásica y el hiper precario trabajos en las plataformas. No hay dudas de que más flexibilización implica más violencia y mayor expansión de los negocios ilegales. Casi podríamos decir que la reforma laboral se asienta sobre la certeza gubernamental sobre cómo circula el dinero legal e ilegal en la vida contemporánea.
Privilegiar la actividad financiera y concentrar riqueza en los sectores que más tienen no genera trabajo. Hace décadas que la Argentina no discute seriamente cómo se crea empleo y de qué trabajan las pibas y los pibes en este escenario desértico. ¿Cuáles son esos bienes públicos que hay que construir para tener otros trayectos de vida posible? Quizás la transferencia de recursos, a través de subsidios estatales, por si sola no hace más que reproducir lógicas del mercado. El desafío, entonces, es acompañar, sin melancolía, ni conservadurismo, la vida e ir a una urgente discusión con todos los sectores sobre el trabajo presente y futuro. La propuesta de Milei va exactamente en sentido contrario. La pregunta sigue abierta desde quienes nos oponemos a su proyecto. Mientras no se la responda, el gobierno y el poder real que lo sostiene seguirán respondiendo desde la ilegalidad, la violencia y la exclusión.
(*) ex director del programa Nueva Oportunidad, de la Municipalidad de Rosario; militante en Fuerza del Territorio, ex candidato a diputado nacional por Frente Amplio por la Soberanía.
En un país sin crecimiento de empleo genuino en los últimos 15 años, la discusión estructural sobre el trabajo y los modos de generar dinero se torna urgente.
La revolución tecnológica, la inteligencia artificial y la robótica avanzan a un ritmo acelerado, pero no están mostrando un traslado masivo de trabajadores hacia nuevas ramas, ni actividades, ni una absorción de trabajo protegido de quienes son desplazados . Los “nuevos oficios” no compensan la destrucción de empleo, y mucho menos en economías periféricas como la nuestra.
Ningún estudio serio habla de un traslado o un complemento, por el contrario, todos van mostrando cómo la riqueza se concentra mientras las desigualdades aumentan al calor del cierre de medianas y pequeñas empresas que ven cerrar sus puertas por falta de protección, fruto de una ortodoxia económica que solo se aplica en la periferia y que el mundo desarrollado no implementa puertas para dentro. Siendo hoy China la gran potencia comercial, industrial y tecnológica, lo acontecido con el sudeste asiatico y parte de Europa muestra un rol central del Estado y la planificacion. Basta con ver los aranceles y las políticas proteccionistas de Estados Unidos para apreciar cuán libre es la economía de los países con los PBI más alto del planeta.
Sin embargo, sobre todo en occidente, las economías de plataformas aparecen en el relato como las grandes generadoras de empleo temporario y precario.
Con lógicas de transnacionales, sin prácticamente regulación, vienen siendo una salida concreta para amplios sectores de la sociedad. Uber, Didi, Rappi, PedidosYa, Mercado Libre y tantas otras que, dado que forman parte de la publicidades y de la vida de muchos sectores que la tienen en las aplicaciones cotidianas de su celular, se han transformado en un soporte para transitar la crisis perpetua.
Para los trabajadores en su teléfono conviven varias aplicaciones que permiten sumar ingresos. Son trabajos hipertemporarios, sin derechos, que permiten la masiva inserción laboral juvenil por estos días.
Desde la llegada de Javier Milei al poder, este escenario se profundizó. La destrucción del mercado interno debilitó aún más el magro empleo registrado pero también hundió a la economía popular, que durante años funcionó como estrategia de supervivencia para miles de personas. En síntesis: la caída del consumo, el ajuste brutal y la apertura indiscriminada de importaciones no solo destruyen empleo formal sino que también empujan a cada vez mas trabajadores al pluriempleo al interior de la economía de plataformas que va empujando todavía más hacia los márgenes a la economía popular en su acepción más tradicional.
Pero sería un error pensar que todo empieza con Milei. Hay problemas estructurales que tampoco fueron revertidos, y ni siquiera discutidos, durante los gobiernos populares. Esto demuestra que el trabajo, su presente y su futuro, y las trayectorias laborales de pibas y pibes que crecen en condiciones materiales cada vez más desiguales, pasan de largo en el interés de políticas públicas que hace décadas no logran modificar esas trayectorias vitales.
PLURIEMPLEO NARCO
En un capitalismo financiero, global y tecnológico, la violencia dejó de ser una anomalía para convertirse en parte de la estructura económica y del entramado social. La presencia capilar del narcotráfico en las ciudades atravesando la economía de amplios sectores sociales lo convierten en una máquina a gran escala, generadora de capital y de ocupaciones. No solo por el dinero que circula, sino por su articulación, por arriba, con el desarrollo inmobiliario, el blanqueo de capitales y la especulación financiera. Las causas judiciales de los últimos años en Rosario lo demuestran con claridad: financistas, estudios contables y entramados comerciales desplegados para lavar dinero.
Sin embargo, en la última década, el negocio narco se fue diversificando también por abajo a través del prestamismo, los casinitos virtuales y otras actividades que pasaron a formar parte de las economías territoriales. Préstamos disponibles las 24 horas, con intereses usurarios, otorgados a personas sin margen real de negociación. Devoluciones diarias, semanales o mensuales que superan cualquier tasa bancaria o incluso las comisiones de las financieras y plataformas más usurarias .
Los casinitos online, réplicas de las plataformas legales que inundan la publicidad deportiva local y global. Estas apps funcionan mediante “cajeritas” que intermedian entre el jugador y la plataforma. Para muchas pibas y pibes ser cajero es una salida económica rápida, con menos riesgos que la venta o el cuidado de estupefacientes o armas. No es casual: es racionalidad económica en contextos de exclusión.
En paralelo, los mismos jóvenes combinan estas actividades con el trabajo en plataformas legales. En el mismo celular conviven Uber, Didi, Rappi, préstamos ilegales y apuestas online. La economía delictiva ya no es un fenómeno marginal sino que ocupa el centro de los ingresos de los sectores populares, aunque también -de manera más opaca- de sectores medios y profesionales –abogados, contadores, técnicos e ingenieros–, quienes aportan saberes clave para montar estructuras jurídicas, financieras y tecnológicas.
En este escenario, el gobierno de Milei avanza con una reforma laboral que no hace más que profundizar el problema. Reducir salarios, flexibilizar derechos y debilitar la protección del trabajo formal solo ampliará el número de pibes y pibas vinculados al prestamismo narco, a ejercer de cajeritas de los casinitos, soldaditos que aprietan a los deudores, en combinación con la comercialización mas clásica y el hiper precario trabajos en las plataformas. No hay dudas de que más flexibilización implica más violencia y mayor expansión de los negocios ilegales. Casi podríamos decir que la reforma laboral se asienta sobre la certeza gubernamental sobre cómo circula el dinero legal e ilegal en la vida contemporánea.
Privilegiar la actividad financiera y concentrar riqueza en los sectores que más tienen no genera trabajo. Hace décadas que la Argentina no discute seriamente cómo se crea empleo y de qué trabajan las pibas y los pibes en este escenario desértico. ¿Cuáles son esos bienes públicos que hay que construir para tener otros trayectos de vida posible? Quizás la transferencia de recursos, a través de subsidios estatales, por si sola no hace más que reproducir lógicas del mercado. El desafío, entonces, es acompañar, sin melancolía, ni conservadurismo, la vida e ir a una urgente discusión con todos los sectores sobre el trabajo presente y futuro. La propuesta de Milei va exactamente en sentido contrario. La pregunta sigue abierta desde quienes nos oponemos a su proyecto. Mientras no se la responda, el gobierno y el poder real que lo sostiene seguirán respondiendo desde la ilegalidad, la violencia y la exclusión.
(*) ex director del programa Nueva Oportunidad, de la Municipalidad de Rosario; militante en Fuerza del Territorio, ex candidato a diputado nacional por Frente Amplio por la Soberanía.
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